Orient Express Corinthian: así es el mayor velero del mundo

Orient Express Corinthian: así es el mayor velero del mundo

El nuevo Orient Express Corinthian quiere redefinir el crucero de ultra lujo con propulsión eólica, menos pasajeros y una navegación más silenciosa y sostenible.


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Durante décadas, el lujo marítimo se asoció al gigantismo. Más cubiertas, más pasajeros, más restaurantes, más entretenimiento. La industria de los cruceros convirtió el barco en una especie de ciudad flotante diseñada para minimizar cualquier sensación real de navegación. El nuevo Orient Express Corinthian, presentado esta semana tras su salida de los astilleros Chantiers de l’Atlantique en Saint-Nazaire, propone exactamente lo contrario: menos pasajeros, más espacio y una recuperación parcial del viento como elemento central del viaje.

Con 220 metros de eslora, el Corinthian se convertirá en el mayor velero del mundo cuando entre oficialmente en servicio. Pero el dato verdaderamente relevante no es el tamaño, sino el sistema técnico que lo sostiene. El barco incorpora la tecnología SolidSail, desarrollada por Chantiers de l’Atlantique tras más de una década de investigación, basada en tres mástiles basculantes y velas rígidas capaces de girar 360 grados para optimizar continuamente la captación de viento.

En las pruebas realizadas hasta ahora, el barco alcanzó velocidades de hasta 17 nudos impulsado exclusivamente por energía eólica, una cifra poco habitual para una embarcación de estas dimensiones. El sistema se complementa con propulsión híbrida basada en gas natural licuado y preparada para futuras integraciones con hidrógeno verde, dentro de una estrategia que intenta reducir el enorme impacto ambiental asociado históricamente a los cruceros de lujo. La navegación comercial representa cerca del 3% de las emisiones globales de CO₂ y la presión regulatoria sobre el sector no deja de aumentar.

El proyecto refleja también un cambio más amplio dentro de la industria turística premium. Frente al modelo de crucero masivo, varias marcas hoteleras internacionales están apostando por embarcaciones más pequeñas y exclusivas, donde el barco funciona menos como parque temático y más como hotel itinerante de alta gama. El movimiento empezó a hacerse visible en 2022 con el lanzamiento del primer superyate de Ritz-Carlton Yacht Collection y continúa ahora con la entrada definitiva de Orient Express en el sector marítimo.

Un hotel flotante inspirado en los grandes transatlánticos

El Corinthian transportará únicamente 110 pasajeros repartidos en 54 suites, una proporción inhabitual para una embarcación de más de 220 metros. La intención es acercarse más a la lógica espacial de un gran hotel privado que a la densidad habitual de los cruceros contemporáneos. Según los datos difundidos por la compañía, la superficie media de las suites rondará los 70 metros cuadrados y la suite presidencial superará los 1.000.

El interiorismo ha sido diseñado por el arquitecto francés Maxime d’Angeac, responsable también del proyecto de recuperación de los históricos vagones Orient Express. El resultado busca reinterpretar la estética art déco de los grandes viajes europeos del siglo XX mediante mármoles, maderas nobles, paneles tallados, iluminación cálida y referencias constantes a la edad dorada de los transatlánticos.

La comparación ferroviaria no es casual. La marca Orient Express intenta extender al mar un imaginario históricamente ligado al tren: el viaje lento, la sofisticación clásica y la idea de trayecto como experiencia en sí misma. Sébastien Bazin, presidente del grupo Accor, propietario de la marca, resumió esa ambición durante la presentación del barco en Saint-Nazaire: “Queríamos un verdadero yate, no un hotel ni un crucero”.

La diferencia es importante porque buena parte del mercado premium marítimo está intentando alejarse de la percepción tradicional del crucero como turismo estandarizado para miles de personas. El Corinthian apuesta justamente por lo contrario: privacidad, acceso directo al mar y una relación más visible con la navegación.

Por eso incorpora una marina desplegable en popa para actividades acuáticas, zonas de baño y acceso directo al agua durante los fondeos, algo más habitual en grandes yates privados que en barcos de pasajeros convencionales.

Tecnología naval y turismo de ultra lujo

Más allá de la estética y la narrativa histórica, el Corinthian funciona también como escaparate tecnológico para la industria naval europea. El sistema SolidSail combina materiales compuestos de fibra de vidrio, carbono y resinas epoxi en estructuras rígidas mucho más resistentes y eficientes que las velas textiles tradicionales.

España ha tenido además una participación técnica relevante en el proyecto a través de CT Ingenieros, cuyos equipos trabajaron en componentes estructurales del sistema de propulsión y en la integración digital de redes eléctricas, ventilación y sistemas de tuberías. Parte del desarrollo técnico se coordinó desde Ferrol, uno de los principales polos históricos de ingeniería naval española.

El barco incorpora también sistemas de inteligencia artificial para monitorizar la presencia de cetáceos y otros cuerpos en el agua, intentando reducir el riesgo de colisiones, uno de los problemas crecientes del tráfico marítimo contemporáneo.

A bordo habrá biblioteca, spa Guerlain, estudio de grabación musical, cabaret, varios bares temáticos y cinco restaurantes supervisados por el chef francés Yannick Alléno, uno de los cocineros más reconocidos del circuito Michelin internacional. Las primeras rutas del Corinthian recorrerán el Mediterráneo y el Adriático antes de cruzar el Atlántico hacia el Caribe. Una segunda embarcación gemela, bautizada como Orient Express Olympian, ya está prevista para 2027.

El proyecto llega además en un momento particularmente sensible para el turismo marítimo de lujo. La presión ambiental, la saturación de ciertos destinos y la creciente demanda de experiencias más exclusivas están empujando al sector hacia formatos más pequeños y sofisticados. El Corinthian intenta situarse exactamente en ese espacio: un barco pensado para pasajeros que quieren mantener la sensación de navegación privada sin renunciar a la infraestructura de un gran hotel internacional.

En cierto modo, la operación tiene algo de retorno histórico. Durante buena parte del siglo XX, viajar con lujo implicaba aceptar el tiempo del trayecto. El avión transformó radicalmente esa lógica y convirtió el desplazamiento en una simple transición. El nuevo Orient Express del mar intenta recuperar parte de aquella idea original: que el viaje vuelva a ser el centro de la experiencia.


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