Quien observa una regata de barcos clásicos rara vez se fija primero en la clasificación. Antes llaman la atención los cascos de madera, las cubiertas de teca, las líneas dibujadas a mano por arquitectos navales que trabajaban sin ordenadores y una forma de navegar donde la velocidad nunca fue el único objetivo. Cada embarcación conserva una historia propia y, cuando varias decenas coinciden en el mismo puerto, el resultado se parece más a un museo en movimiento que a una competición deportiva.
Del 8 al 11 de julio, Barcelona volverá a convertirse en uno de los grandes escenarios europeos de ese patrimonio flotante con la celebración de la XIX edición de la Regata Puig Vela Clàssica Barcelona, organizada por Puig y el Real Club Náutico de Barcelona. Más de cuarenta embarcaciones procedentes de distintos países participarán en una cita que combina competición, conservación del patrimonio naval y tradición marinera.

Más de un siglo de arquitectura naval
La flota prevista resume buena parte de la evolución de la vela durante el último siglo. Embarcaciones de las categorías Época, Clásicos, Big Boat y Modern Classic compartirán el mismo campo de regatas, permitiendo contemplar soluciones constructivas muy diferentes y distintas maneras de entender la navegación.
Entre los barcos inscritos figuran nombres bien conocidos dentro del circuito internacional como Eilean, uno de los ketch bermudianos más admirados del Mediterráneo; Manitou, botado en 1937 y vinculado durante años a la familia Kennedy; el centenario Dione, construido en 1912; o grandes veleros como Viveka y Halloween. A ellos se suman embarcaciones españolas como Phidias, Yanira, Bakea, Kahurangi o Islander, reflejo de una flota nacional que mantiene una presencia constante en la vela clásica internacional.
Más allá de su valor deportivo, muchos de estos barcos representan auténticas piezas de patrimonio marítimo. Mantenerlos navegando exige restauraciones complejas, oficios artesanales cada vez más especializados y un compromiso continuo por parte de armadores y tripulaciones para conservar técnicas de construcción que forman parte de la historia naval europea.

Barcelona mira al mar
La regata volverá a desarrollarse frente al litoral barcelonés, con cuatro jornadas de actividad que incluirán el registro de las tripulaciones el 8 de julio y las pruebas deportivas entre los días 9 y 11, con un máximo de dos mangas diarias y la entrega final de premios el sábado.
Uno de los rasgos que distingue la Puig Vela Clàssica es precisamente su relación con la ciudad. Las embarcaciones pueden contemplarse tanto en el Real Club Náutico de Barcelona como desde distintos puntos del frente marítimo, especialmente la Barceloneta, el Port Vell o el Port Olímpic, convirtiendo durante unos días el litoral en un escaparate abierto del patrimonio náutico mediterráneo.
La prueba forma parte además del calendario oficial de la Real Federación Española de Vela y puntúa para el Campeonato Internacional del Mediterráneo y el Trofeo Mare Nostrum – Copa de España de Barcos Clásicos, reforzando su papel dentro del circuito internacional.
Mientras buena parte de la náutica avanza hacia materiales compuestos, automatización y nuevas formas de propulsión, la vela clásica recuerda que el mar también conserva memoria. Cada verano, durante unos días, Barcelona vuelve a navegar rodeada de barcos que siguen demostrando que la belleza también puede mantenerse a flote durante más de un siglo.