El 8 de junio se celebró el Día Mundial de los Océanos y Novotel eligió esa fecha como contexto para rendir cuentas. La cadena hotelera acaba de publicar su segundo Informe de Impacto Oceánico, un documento que no se limita a proclamar intenciones sino que cuantifica avances, reconoce retos pendientes y detalla los cambios concretos aplicados durante el último año en su red de más de 600 hoteles repartidos por todo el mundo.
Dos años con WWF Francia: de la declaración a los hechos

La alianza entre Novotel y WWF Francia arrancó en 2024 con un objetivo claro. Los dos socios partieron de una premisa compartida: la salud de los océanos no es una cuestión medioambiental aislada, sino que está directamente ligada al bienestar humano, al equilibrio climático y, en el caso de una cadena hotelera global, al futuro mismo de la industria de los viajes.
Durante estos dos años, la colaboración ha articulado su acción en torno a cuatro pilares. El primero es la reducción del impacto operativo de los hoteles sobre los océanos, lo que incluye la eliminación progresiva de plásticos de un solo uso. El segundo se centra en la alimentación, promoviendo opciones más sostenibles en los menús y fomentando el consumo responsable de productos del mar con certificaciones que garanticen su trazabilidad. El tercer pilar trabaja la educación y la concienciación, tanto entre los equipos de los hoteles como entre los propios huéspedes. El cuarto, y quizá el más ambicioso a largo plazo, apoya proyectos de conservación marina y contribuye al conocimiento científico sobre los ecosistemas oceánicos.
Este marco se alinea explícitamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 de Naciones Unidas, el dedicado a la vida submarina, y constituye la base del llamado Plan de Impacto Positivo de la marca.
Qué ha cambiado en los hoteles
El informe de 2026 describe un conjunto de transformaciones que van desde la gestión de residuos hasta la formación del personal. La reducción de plásticos de un solo uso en los establecimientos de la cadena figura entre las medidas más visibles para el viajero, aunque los cambios más estructurales operan en las cocinas y en los procesos de compra de alimentos.
La apuesta por productos del mar sostenibles implica revisar las cadenas de suministro y trabajar con proveedores que puedan acreditar el origen y el método de extracción de lo que llega a los platos. Este tipo de trazabilidad, habitual en mercados como el del pescado certificado por el Marine Stewardship Council (MSC), empieza a convertirse en un estándar exigible también en la hostelería a gran escala.
La formación de los equipos es otro de los ejes del programa. Dotar al personal de conocimiento sobre los ecosistemas marinos y sobre el impacto de las decisiones cotidianas en la gestión del hotel tiene un efecto multiplicador: cada trabajador formado traslada esa perspectiva a sus decisiones diarias y, en muchos casos, a los propios clientes.
Transparencia como herramienta de presión
Que una compañía publique un informe de impacto no es novedad. Lo que distingue al documento de Novotel es su declarada voluntad de mostrar también los retos no resueltos y las metas que aún no se han alcanzado. En un sector donde los informes de sostenibilidad suelen primar las buenas noticias, asumir públicamente las limitaciones del propio avance es, en sí mismo, un ejercicio de rendición de cuentas.
Jean-Yves Minet, presidente global de la marca, lo expresó en estos términos: "Durante el último año, hemos seguido convirtiendo la ambición en acción en todos nuestros hoteles, desde la reducción de los plásticos de un solo uso y el fomento de prácticas sostenibles en el consumo de productos del mar hasta la ampliación de la formación y el apoyo a proyectos críticos de conservación marina con WWF. Lo que importa es el impacto colectivo de una acción coherente a escala global, donde cada mejora operativa, cada miembro del equipo formado, cada elección responsable en el menú y cada proyecto de conservación ayuda a proteger la salud y la longevidad a largo plazo de nuestros océanos. Aún queda mucho por hacer, pero este informe demuestra un impulso significativo."
La mención explícita a que "aún queda mucho por hacer" no es retórica menor. Las cadenas hoteleras globales se enfrentan a una complejidad logística enorme cuando intentan aplicar estándares homogéneos en cientos de establecimientos distribuidos por culturas, legislaciones y mercados de abastecimiento radicalmente distintos. Conseguir que un protocolo de compra sostenible funcione igual en un hotel de París que en uno del sudeste asiático o América Latina requiere adaptaciones locales que el propio informe reconoce como uno de los principales desafíos del programa.
El contexto: hoteles y océanos, una relación inevitable
La industria hotelera global genera una presión considerable sobre los ecosistemas costeros y marinos. El turismo de litoral concentra una parte significativa de la demanda mundial de pernoctaciones y las cadenas presentes en destinos de playa o isla tienen una responsabilidad directa sobre la calidad del agua, la gestión de residuos sólidos y la demanda de especies marinas en sus restaurantes.
En este contexto, la iniciativa de Novotel se inscribe en una tendencia más amplia del sector: la presión creciente de reguladores, inversores y consumidores para que las grandes cadenas integren criterios ambientales verificables en su operativa diaria. La Unión Europea ha endurecido en los últimos años las exigencias de comunicación sobre sostenibilidad para las empresas cotizadas, lo que convierte informes como el publicado ahora en documentos con implicaciones que van más allá del marketing.
El segundo Informe de Impacto Oceánico de Novotel está disponible públicamente. Su valor real se medirá en el tiempo, cuando los datos del tercer año permitan evaluar si el ritmo de cambio se mantiene o se ralentiza una vez pasada la energía inicial de la alianza.