Hay barcos que se diseñan para ser vistos y otros —muchos menos— que parecen pensados para estar en el agua. El nuevo Itama 70, presentado dentro del proceso de renovación de la gama del astillero italiano, pertenece claramente a la segunda categoría. No busca reinventar el concepto de open yacht, sino afinarlo: hacerlo más habitable, más fluido y más coherente con una forma de navegar que no entiende de compartimentos estancos.



Evolución sin ruptura
En un mercado donde cada nuevo modelo tiende a exagerar formas o funciones, Itama opta por una evolución contenida. Las líneas siguen siendo reconocibles —perfil bajo, casco limpio, proporciones tensas—, pero incorporan una lectura contemporánea visible en detalles como las ventanas longitudinales o la integración más natural de los espacios exteriores. El proyecto nace de la colaboración entre el comité estratégico del grupo Ferretti, liderado por Piero Ferrari, el equipo técnico interno y los estudios Vallicelli e IdeaeItalia, pero más allá de los nombres lo que se percibe es una intención clara: mantener la identidad sin caer en la repetición.
Ese enfoque se traslada directamente al uso del espacio. El cambio no está tanto en la estética como en la manera de habitar el barco. La cubierta principal mantiene uno de los rasgos más característicos de la marca —el gran solárium de popa—, pero lo rodea de una organización más abierta, donde la zona de comedor en U y el mueble bar permiten distintos usos a lo largo del día sin necesidad de redefinir el espacio. También la circulación se simplifica: el acceso a proa se sitúa en el eje central y la bajada a cubierta inferior se desplaza a estribor, liberando movimientos y evitando cruces. Son decisiones discretas, pero acumulativas, que terminan modificando la experiencia a bordo.



Habitar el barco, no solo navegar
Esa misma lógica se aprecia en la cubierta inferior, donde el Itama 70 introduce una idea menos habitual en este tipo de embarcaciones: no solo alojar, sino permitir una estancia prolongada. Tres cabinas con baño privado, una pequeña dinette y una cocina en esquina configuran un nivel más luminoso gracias al acristalamiento del casco, mientras que la ausencia de escalones refuerza la sensación de continuidad. La cabina del propietario, situada en popa, gana en privacidad y estabilidad, y se complementa con una VIP en proa y una tercera cabina pensadas para un uso más allá de la escapada puntual.
En navegación, el modelo mantiene la relación directa con el mar que define a Itama. Equipa dos motores MAN V12 de 1.400 caballos en configuración estándar, con una velocidad máxima de 37 nudos, o una versión opcional de 1.550 caballos que permite alcanzar los 39 nudos. Son cifras relevantes dentro del segmento, pero lo distintivo no está tanto en el dato como en su traducción práctica: una sensación de control continuo, sin intermediaciones ni sistemas que diluyan la conexión entre el piloto y el agua. La velocidad se percibe como experiencia, no como argumento.
Desde su fundación en 1969, Itama ha construido una identidad muy concreta dentro del yachting italiano: barcos abiertos, rápidos y sin concesiones innecesarias. El 70 no rompe con esa lógica, pero la ajusta a un contexto en el que el tiempo a bordo gana peso frente a la pura navegación. Más que un salto, es una evolución afinada, una forma de mantener intacta la relación con el mar incorporando una idea más contemporánea de confort.
En el fondo, el Itama 70 plantea una cuestión sencilla: qué significa hoy un open yacht. La respuesta no está en la ficha técnica ni en el diseño, sino en el uso. En si el barco invita a salir, a moverse y a pasar horas en cubierta sin pensar en nada más. Ahí es donde este modelo encuentra su lugar, no como objeto de exhibición, sino como una herramienta para estar en el mar.