El Salón Náutico de Venecia bajó el telón de su séptima edición confirmando una tendencia que se ha consolidado desde su regreso al Arsenale en 2019: la ciudad ha recuperado un lugar propio dentro del calendario internacional de la náutica. Durante cinco días, el histórico complejo naval veneciano volvió a reunir a astilleros, armadores, profesionales y aficionados en un escenario que pocos eventos pueden igualar por valor histórico y capacidad de atracción.
La organización ya ha fijado las fechas de la próxima edición, que se celebrará del 26 al 30 de mayo de 2027, una señal de confianza en un proyecto que continúa ganando peso dentro del sector. El balance de 2026 vuelve a situarse en torno a los 30.000 visitantes, una cifra que refleja la estabilidad alcanzada por la manifestación y que resulta especialmente significativa por el perfil internacional del público. Aproximadamente el 40% de los asistentes llegaron desde fuera de Italia, con presencia de visitantes procedentes de países europeos como Austria, Croacia, Francia, Alemania, Eslovenia, Suiza o Reino Unido, además de mercados más lejanos como Estados Unidos, India, Sudáfrica o Corea.
Más allá de los números, el mensaje principal de esta edición llegó desde el Ayuntamiento de Venecia. El recién elegido alcalde Simone Venturini confirmó la voluntad de garantizar la continuidad del Salón durante los próximos cinco años, reforzando su papel como herramienta estratégica para el desarrollo de la economía del mar en la ciudad.





El Arsenale como ventaja competitiva
Uno de los elementos que mejor explican el crecimiento del Salón Náutico de Venecia sigue siendo el lugar donde se celebra. El Arsenale ofrece una combinación difícil de reproducir: patrimonio histórico, espacios expositivos, láminas de agua y una conexión directa con la tradición marítima de la ciudad. Sus 55.000 metros cuadrados de superficie acuática y más de 1.100 metros lineales de pantalanes permitieron acoger este año más de 300 embarcaciones de perfiles muy distintos.
La exposición reunió desde grandes yates de treinta metros hasta embarcaciones eléctricas, modelos híbridos y prototipos desarrollados para reducir el consumo energético. Astilleros internacionales, marcas históricas italianas, empresas tecnológicas y representantes de la blue economy compartieron espacio con artesanos especializados y constructores tradicionales, reforzando una de las características más reconocibles del evento: la convivencia entre innovación y cultura marítima.
Esa mezcla es precisamente uno de los aspectos que más valoran los expositores. El fabricante turco Numarine destacó el valor diferencial que aporta el entorno veneciano, mientras que representantes de Frauscher subrayaron la importancia de un salón capaz de acercar al público tecnologías emergentes relacionadas con la electrificación y la movilidad sostenible.
La sensación compartida por buena parte de los profesionales presentes es que Venecia ha conseguido construir una identidad propia dentro de un calendario europeo cada vez más competitivo. Frente a otros eventos orientados principalmente al volumen de negocio o al lujo, el salón veneciano aprovecha su relación histórica con el mar para ofrecer una experiencia distinta, donde la visita forma parte del atractivo tanto como las embarcaciones expuestas.





Sostenibilidad, internacionalización y economía azul
La sostenibilidad volvió a ocupar un lugar central en la edición de 2026. A lo largo de la semana se presentaron embarcaciones con sistemas de propulsión alternativos, soluciones híbridas y nuevas tecnologías vinculadas a la eficiencia energética. Los encuentros profesionales y conferencias celebrados en el Arsenale abordaron además cuestiones relacionadas con la transición energética y el futuro de la navegación recreativa.
Otro de los pilares del crecimiento del salón ha sido su dimensión internacional. La colaboración con la Agencia ICE permitió traer a Venecia 53 representantes entre compradores, operadores y periodistas especializados procedentes de numerosos mercados estratégicos para la industria náutica italiana, desde el norte de Europa hasta Turquía, Emiratos Árabes Unidos o los Balcanes.
La presencia de estas delegaciones confirma la vocación comercial del evento y su creciente capacidad para conectar a los astilleros italianos con mercados exteriores. En un momento en que el sector sigue atento a la evolución económica internacional y a las incertidumbres geopolíticas, la capacidad de reunir compradores, fabricantes y profesionales en un mismo espacio sigue siendo uno de los grandes activos de los salones náuticos.
El director general de Vela, Fabrizio D’Oria, destacó precisamente la combinación entre calidad de los expositores, apuesta por la sostenibilidad y respuesta del público como las claves del éxito de esta edición. Una visión compartida por el director comercial Alberto Bozzo, quien subrayó el creciente interés internacional y la buena acogida de las tecnologías vinculadas a la navegación sostenible.
La séptima edición deja además otro dato significativo: cerca de 2.000 personas trabajaron diariamente en la organización y funcionamiento del salón, mientras que los canales sociales oficiales superaron los tres millones de visualizaciones durante el evento. Son cifras que ayudan a entender hasta qué punto el Salón Náutico se ha convertido en una pieza relevante dentro de la economía de eventos de Venecia.
Siete años después de su recuperación, el proyecto parece haber superado definitivamente la fase de consolidación. El reto ahora será crecer sin perder aquello que lo distingue: un Arsenale que sigue funcionando como puente entre la historia marítima de la Serenissima y las nuevas rutas de la náutica internacional.