La imagen más conocida de Capri suele construirse alrededor de yates, boutiques y terrazas convertidas en escenario social. Sin embargo, buena parte de la personalidad de la isla se encuentra unos metros más arriba, en las calles que rodean la Piazzetta, en los antiguos hoteles familiares y en las casas que todavía conservan una relación más íntima con la historia local. Allí, entre fachadas color pastel y jardines escondidos tras muros de piedra, sobrevive una versión de Capri menos exhibicionista y más vinculada a la vida mediterránea cotidiana.
Ese es el territorio que reivindica Il Capri Hotel, un pequeño hotel boutique instalado en un palacio neogótico veneciano del siglo XIX a pocos pasos de la Piazzetta. De cara a la temporada 2026, la propiedad ha ampliado de forma significativa su oferta incorporando un nuevo club wellness, una colaboración con la firma de cuidado de la piel Irene Forte y una azotea gastronómica que recupera la conexión histórica entre Capri y la cultura napolitana.
El proyecto nació de la colaboración entre Graziella Buontempo y Arnaud Lacombe, dos perfiles con trayectorias muy distintas pero unidos por una misma idea: recuperar uno de los edificios históricos de la isla sin convertirlo en una versión estandarizada del lujo internacional. El resultado son apenas veinte habitaciones donde predominan materiales naturales, mobiliario artesanal, antigüedades y una colección de fotografías y obras vinculadas a la historia personal de la familia Buontempo.
La escala del hotel es importante. En una isla donde la oferta de alta gama tiende a crecer hacia formatos cada vez más sofisticados y complejos, Il Capri apuesta por una dimensión más doméstica. El objetivo parece menos impresionar que crear la sensación de estar alojado en una gran casa mediterránea con vistas al golfo de Nápoles.
Un wellness club con vistas al Vesubio
La principal novedad de la temporada es la creación del Il Capri Athletic Club, un espacio wellness de 300 metros cuadrados desarrollado en las antiguas áreas de restauración y terrazas del hotel. La intervención responde a una tendencia cada vez más visible en hospitality: el bienestar deja de limitarse al spa tradicional para incorporar movimiento, entrenamiento y actividades orientadas a estancias más largas.
El nuevo club combina espacios interiores y exteriores abiertos al paisaje del golfo de Nápoles. La programación incluye sesiones diarias de movilidad, entrenamiento funcional suave, stretching y prácticas de relajación, además de retiros específicos centrados en yoga, pilates y respiración consciente. La intención parece clara: convertir el bienestar en una parte integrada de la experiencia y no en un servicio complementario.
A ello se suma la nueva colaboración con Irene Forte, una de las figuras más reconocidas del sector wellness europeo. Una antigua habitación ha sido transformada en sala de tratamientos donde se ofrecen rituales faciales y corporales desarrollados a partir de ingredientes botánicos mediterráneos y formulaciones respaldadas por investigación dermatológica.
El espacio evita la estética clínica que domina muchos spas contemporáneos. Paredes revestidas de sisal, tejidos artesanales, vegetación tropical y referencias constantes al paisaje isleño construyen una atmósfera mucho más cercana a una casa privada que a un centro de bienestar convencional.
Una azotea que mira hacia Nápoles
La segunda gran incorporación de la temporada es Osteria delle Sirene, un restaurante situado en la azotea del hotel y concebido como homenaje a la tradición gastronómica campana. El proyecto se ha desarrollado junto al artista napolitano Giotto Calendoli, cuya sensibilidad visual aparece tanto en el diseño del espacio como en la vajilla creada específicamente para el restaurante.
La propuesta se aleja de los códigos habituales de la restauración de lujo en Capri. Manteles de cuadros, servicio informal, pizzas, pastas, pescado fresco y producto procedente de los huertos escalonados de la isla construyen una experiencia mucho más cercana a una trattoria costera que a un restaurante gastronómico convencional. El nombre hace referencia a las sirenas de la mitología clásica asociadas históricamente a estas aguas, una presencia que inspira tanto la narrativa como la estética del lugar.
La vida social del hotel continúa además en otros espacios como el Lobby Bar, centrado en vinos naturales y cócteles, o Rumore, el club subterráneo cuya programación musical combina DJs locales e internacionales. En contraste con la tranquilidad de las terrazas superiores, el espacio introduce una dimensión más nocturna vinculada a la tradición festiva de Capri.
Todo ello se desarrolla alrededor de una pequeña piscina panorámica reservada a los huéspedes, desde la que el mar Tirreno ocupa completamente el horizonte. En una isla donde gran parte de la atención suele concentrarse en el frente marítimo, Il Capri propone una perspectiva diferente: mirar Capri desde arriba, entre tejados, jardines y terrazas abiertas al golfo.