Sirena 118 IKIGAI: un nuevo buque insignia con alma de explorador
Sirena Yachts estrena en Cannes su mayor modelo hasta la fecha, un yate de 36 metros diseñado por German Frers y Cor D. Rover cuya primera unidad apuesta por interiores alejados del minimalismo dominante.
Con 36 metros de eslora, 7,8 de manga y 279 GT, el Sirena 118 lleva al astillero turco a una escala nueva. Su primer ejemplar, IKIGAI, ha debutado en el Cannes Yachting Festival como nuevo buque insignia de Sirena Yachts y uno de los barcos de mayor tamaño expuestos en el salón.
El salto hasta el territorio del superyate mantiene algunos rasgos que permiten reconocer inmediatamente la familia: la proa vertical tipo axe bow, las ventanas rectangulares del casco y los elementos inclinados hacia popa de la superestructura. Cambian las posibilidades que ofrecen las dimensiones. Aparecen un gran beach club, balcones laterales abatibles y amplias zonas exteriores en proa, mientras la suite del propietario puede extenderse incluso a dos cubiertas.
La arquitectura naval vuelve a llevar la firma de German Frers, colaborador habitual de Sirena, mientras el equipo interno del astillero ha desarrollado los exteriores y Cor D. Rover se ha ocupado de los interiores. IKIGAI, sin embargo, sirve también para mostrar hasta dónde puede personalizarse la plataforma: su propietario ha intervenido tanto en la decoración como en algunas decisiones importantes de distribución.





Una suite del propietario que ocupa dos niveles
Uno de los espacios que mejor aprovecha los 279 GT se encuentra a proa de la cubierta principal. Allí está la suite del propietario, conectada directamente con una terraza privada exterior. En la configuración opcional elegida para IKIGAI, una escalera de caracol conduce desde el dormitorio hasta una segunda zona privada en la cubierta inferior, formada por despacho y salón.
Este último ambiente dispone a su vez de un balcón lateral abatible sobre el mar. Una solución particularmente escenográfica conecta visualmente ambos pisos: un espejo vintage de dos alturas refleja hacia el dormitorio las olas visibles desde el salón inferior cuando el balcón está abierto.
Además de la suite principal, el yate dispone de otras cinco cabinas, hasta alcanzar seis destinadas a un máximo de doce huéspedes. Tres camarotes alojan a una tripulación de hasta cinco personas. En la cubierta superior se encuentra otro salón con salida a una terraza de popa más reservada, mientras el sundeck puede configurarse según las preferencias de cada propietario. En IKIGAI incluye bar exterior y distintas zonas para sentarse o tomar el sol bajo un hard top de fibra de carbono.
La construcción combina fibra de vidrio con carbono en las cubiertas superiores y utiliza procesos de infusión de resina para reducir peso. La motorización estándar está formada por dos MAN de 1.550 CV, con una velocidad de crucero declarada de 10 nudos y una máxima de 16. Opcionalmente, dos MAN V12 de 1.990 CV permiten alcanzar los 18 nudos.
Frers ha trabajado especialmente sobre la geometría del casco mediante análisis CFD. El diseño de la sección de popa ha permitido prescindir de túneles para las hélices y reducir las turbulencias, buscando un compromiso entre eficiencia, comportamiento marinero y confort incluso cuando el barco navega contra mar formada.







Hojas, plumas de pavo real y colores que no quieren desaparecer
Pero IKIGAI se vuelve bastante menos convencional al entrar en sus interiores. Cor D. Rover resume el concepto con tres palabras: “home, sea, home”. El punto de partida es la exploración y los instrumentos, barcos y máquinas utilizados por quienes viajaron antes: cascos remachados, fuselajes de avión, antiguos ojos de buey y brújulas navales aparecen reinterpretados sin convertir el barco en una reconstrucción histórica.
Algunos materiales son todavía más inesperados. El techo del salón utiliza hojas prensadas encapsuladas entre varias capas de vidrio lechoso. La iluminación posterior crea un efecto que Rover compara con encontrarse dentro de un invernadero o bajo una tela iluminada por el sol. Otras superficies decorativas incorporan plumas de pavo real y algunas encimeras contienen conchas marinas.
También el color se aleja conscientemente de los interiores neutros que dominan buena parte del yachting contemporáneo. Verde musgo, burdeos y mostaza conviven con muebles procedentes de distintos lugares del mundo, superficies inspiradas en elementos naturales y acabados que reproducen la pátina adquirida por los objetos con el paso del tiempo.
El propietario ha llevado la personalización a la propia manera de utilizar el barco. En el salón de la cubierta superior ha pedido una gran mesa destinada a las comidas familiares, mientras otras zonas se han organizado para alternar convivencia y privacidad. Sirena plantea precisamente esa capacidad de transformación como una de las claves del 118: ofrecer una plataforma común suficientemente flexible para que dos unidades puedan terminar teniendo personalidades muy diferentes.
IKIGAI estrena esa posibilidad sin demasiada timidez. En lugar de intentar que sus 36 metros parezcan una residencia perfectamente neutra, acumula referencias a viajes, objetos antiguos, materiales naturales y colores intensos. Un buque insignia que, en su primera unidad, ha decidido empezar contando la historia de quien lo encargó.