Azimut Fly 70 lleva el flybridge hacia una vida más abierta al mar
El nuevo modelo debuta mundialmente en Cannes con dos configuraciones de cockpit, cuatro cabinas y una tecnología que reduce las partículas del generador un 95% y el ruido en más de 5 dBA.
El flybridge continúa siendo una de las tipologías centrales de Azimut, pero la manera de utilizar estos barcos ha cambiado. El nuevo Fly 70, presentado mundialmente en el Cannes Yachting Festival 2026, responde a esa evolución ampliando las zonas de convivencia, multiplicando las posibilidades de relación con el agua y prestando una atención poco habitual a lo que ocurre cuando el yate permanece fondeado: el ruido y las emisiones de su generador.
El modelo se incorpora a una familia en la que Azimut ha construido buena parte de su reconocimiento internacional y comparte salón con otros tres estrenos mundiales de la marca, Seadeck 9, Magellano 27M y Grande 44M. Cuatro novedades simultáneas que convierten esta edición de Cannes en el mayor despliegue realizado hasta ahora por el astillero en el salón francés.
Para desarrollar el Fly 70, Azimut vuelve a reunir a Alberto Mancini, responsable de los exteriores, y Fabio Fantolino, autor de los interiores. Ambos habían trabajado ya conjuntamente en los Fly 62, Fly 72 y Fly 82, creando un lenguaje que el nuevo modelo lleva a una eslora intermedia dentro de la gama.




Dos popas para elegir cómo acercarse al agua
Una de las decisiones más interesantes se encuentra en el cockpit, que puede adoptar dos configuraciones bastante diferentes. La unidad presentada en Cannes utiliza el Terrace Cockpit, con un parapeto transparente en popa que libera las vistas desde la mesa de comedor para ocho personas. Bajo el suelo se ha creado además un gran espacio destinado a guardar accesorios y juguetes acuáticos.
La alternativa Beach Cockpit transforma de manera más radical la zona. Un mecanismo sincronizado abre el espejo de popa y hace descender el banco hasta crear un solárium prácticamente al nivel del agua, una solución que Azimut ya había introducido en el Fly 62. La elección entre ambas opciones permite decidir si se concede mayor importancia al comedor exterior protegido o a una relación más directa con el mar durante el fondeo.
Sobre esta zona, el flybridge funciona como una segunda cubierta completamente abierta y se divide en tres ambientes. En proa aparece un solárium junto al puesto de gobierno; en el centro, una dinette en forma de C acompañada por un mueble bar; y en popa queda una terraza sin elementos estructurales fijos que puede configurarse mediante mobiliario independiente. Un hard top de fibra de vidrio proporciona sombra sobre buena parte del conjunto.
La cubierta principal mantiene la continuidad visual entre salón y comedor, aunque ambos ambientes quedan claramente definidos por el mobiliario. Dos sofás enfrentados organizan la zona de conversación, mientras materiales como ante marrón, mármol Green River y Taj Mahal conviven con una alfombra de cc-Tapis y sillas diseñadas por Patricia Urquiola para Andreu World. La cocina queda parcialmente protegida por una estructura de lamas de madera y bronce cepillado que permite separarla visualmente sin encerrarla.
En la cubierta inferior, el Fly 70 aloja a ocho personas en cuatro camarotes. La suite del propietario ocupa la manga completa en la zona central del casco y utiliza líneas diagonales y mármol Bronze Amani para construir un ambiente menos convencional que la habitual distribución simétrica.





Menos ruido y partículas cuando el barco está fondeado
La otra novedad importante del Fly 70 permanece prácticamente invisible. El modelo estrena una aplicación del programa Azimut Silent Technology, desarrollado por el laboratorio interno de tecnología aplicada del astillero para reducir el impacto acústico y ambiental a bordo.
El sistema actúa sobre el generador mediante la combinación de un silenciador, bloques cerámicos y un catalizador de óxidos de nitrógeno. Según los datos facilitados por Azimut, el conjunto permite reducir las emisiones de partículas en un 95% y disminuir la presión sonora en más de 5 dBA, aproximadamente a la mitad.
La intervención aborda un problema muy concreto de la vida a bordo. Un yate puede pasar buena parte de una jornada de verano detenido en una cala mientras el generador continúa trabajando para alimentar climatización y servicios. Reducir simultáneamente ruido y partículas tiene por ello un efecto directo sobre la experiencia en las cubiertas exteriores, precisamente los espacios que el diseño del Fly 70 intenta hacer más habitables.
La construcción recurre ampliamente a la fibra de carbono dentro del programa Carbon Tech Generation de Azimut, una elección destinada a contener el peso de las superestructuras. La propulsión corresponde a dos Volvo IPS 1350, con los que el astillero declara una velocidad máxima de 31 nudos.
Con el Fly 70, Azimut actualiza así una categoría que conoce bien sin alterar su arquitectura fundamental. La evolución aparece en cómo se distribuyen y utilizan los metros disponibles: una popa que puede convertirse en terraza o playa, un flybridge menos condicionado por estructuras fijas y un interior preparado para ocho huéspedes. Incluso el trabajo sobre el generador responde a la misma cuestión: hacer más agradable el tiempo que se pasa a bordo cuando el destino ya ha quedado atrás y el barco está simplemente fondeado frente a la costa.