La vida invisible de un superyate
Detrás de un yate de 40 o 50 metros existe una organización que trabaja todo el año para que el propietario pueda simplemente llegar y navegar. Floating Life lleva a Mónaco un modelo que funciona casi como un family office para armadores.
En los muelles del Monaco Yacht Show todo parece relativamente sencillo. Los superyates esperan impecables en Port Hercule, las cubiertas están preparadas para recibir invitados y cada detalle parece funcionar exactamente cuando debe. Lo que resulta mucho menos visible es la pequeña organización que existe detrás de cada uno de esos barcos para conseguir que esa aparente facilidad sea posible.
Tener un superyate de 40 o 50 metros se parece poco a tener una embarcación de recreo convencional. Hay tripulaciones que gestionar, mantenimiento y revisiones técnicas, seguros, documentación, presupuestos, amarres, proveedores y normativas que cambian según el país. Si además el propietario decide alquilarlo cuando no lo utiliza, venderlo o construir uno nuevo, alrededor del barco aparece una red todavía mayor de brokers, astilleros, abogados, aseguradoras, técnicos y sociedades de clasificación.
Es precisamente ese mundo poco visible el que ocupa Floating Life, compañía independiente fundada en Suiza en 2002 por Andrea Pezzini y Barbara Tambani y presente estos días en el Monaco Yacht Show. Su actividad reúne gestión técnica y administrativa, charter, brokerage, servicios técnicos y construcción de proyectos full custom, además de servicios de concierge. La propia empresa define el modelo como una especie de family office aplicado al propietario de un yate.


Un barco que funciona como una pequeña empresa
La comparación resulta bastante precisa. Floating Life concentra su división de Yacht Management en embarcaciones a partir de 30 metros y asume buena parte de las tareas técnicas, operativas y administrativas que permiten mantenerlas funcionando. El objetivo es que el propietario no tenga que convertirse también en gestor de una organización compleja cada vez que quiere utilizar su barco.
A diferencia de otros sectores del lujo, además, el trabajo continúa cuando el cliente no está presente. Un superyate puede permanecer semanas o meses sin su propietario a bordo, pero durante ese tiempo siguen funcionando mantenimiento, tripulación, administración y planificación de las siguientes navegaciones. La experiencia que finalmente percibe el armador depende en buena medida de todo aquello que ha ocurrido antes de que llegue al muelle.
El sistema adquiere otra dimensión cuando el barco entra en el mercado de charter. Hay que coordinar calendarios, preparar la embarcación para huéspedes diferentes y compatibilizar esa actividad con los periodos reservados al propietario. Floating Life incorpora también planificación de charter, asistencia en procesos de compraventa y asesoramiento legal y asegurador dentro de su estructura de servicios.
De ahí que la relación entre propietario y gestor sea bastante distinta de la que existe con un proveedor convencional. Andrea Pezzini, cofundador de Floating Life, sostiene que el valor del yacht management depende tanto de los servicios prestados como de la calidad de la relación que existe detrás de ellos.
Mónaco concentra durante unos días precisamente todos los actores de ese ecosistema. Armadores, brokers, astilleros, asesores y empresas especializadas coinciden alrededor de barcos que pueden necesitar durante su vida útil los servicios de prácticamente todos ellos.

Cuando el propietario encarga un barco que todavía no existe
La gestión se vuelve aún más compleja cuando el yate no está construido. Un proyecto full custom puede prolongarse durante años y obliga al futuro propietario a tomar centenares de decisiones técnicas, económicas y contractuales antes de poder subir por primera vez a bordo.
Ahí aparece otra figura poco conocida fuera de la industria: el Owner's Representative, el representante del propietario frente al astillero. Su trabajo consiste en acompañar el proyecto desde sus primeras etapas, supervisar la construcción y controlar que calidad, especificaciones, cumplimiento técnico y condiciones contractuales respondan a aquello que el cliente ha encargado.
Floating Life ha ampliado recientemente esta actividad mediante una división específica de New Build. Entre los proyectos actualmente en construcción en Italia figuran un superyate de 42 metros, un Maiora M|30, en los que trabaja como surveyor y representante del armador, y un Baglietto full-custom de 48 metros. Su experiencia anterior incluye también un Baglietto de 40 metros construido en 2018 y Audace, el 42 metros realizado por Cantiere delle Marche en 2019.
Es una posición singular porque obliga a situarse entre dos mundos. El astillero tiene que construir el barco dentro de determinados parámetros técnicos, económicos y temporales; el propietario espera que el resultado final responda a una idea que muchas veces empezó siendo poco más que una combinación de necesidades, gustos y formas de vivir el mar. El representante debe traducir continuamente entre ambos.
Y probablemente ahí se encuentra una parte importante del lujo que permanece fuera de las fotografías. En Port Hercule vemos mármoles, piscinas, beach clubs, tenders y cubiertas de dimensiones extraordinarias. Pero para el propietario, el verdadero lujo consiste también en que toda esa complejidad desaparezca en el momento de subir a bordo.