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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
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El nuevo lujo también necesita un director de obra

Floating Life amplía su división de nuevas construcciones con dos proyectos en Italia y refleja una tendencia cada vez más visible: los armadores quieren representantes independientes que supervisen todo el proceso de construcción.

El nuevo lujo también necesita un director de obra

Construir un superyate se parece cada vez menos a comprar un producto terminado y cada vez más a gestionar un proyecto de gran complejidad. Astillero, diseñador, proveedores, ingenieros, sociedades de clasificación, abogados y decenas de contratistas participan durante meses —a veces años— en un proceso donde una decisión aparentemente menor puede condicionar el funcionamiento del barco durante toda su vida útil.

Ese escenario está impulsando una figura que hasta hace poco permanecía casi invisible fuera del sector: el Owner's Representative, el profesional encargado de defender exclusivamente los intereses del armador durante la construcción. La incorporación de dos nuevos proyectos a la cartera de Floating Life ilustra bien el crecimiento de esa especialización.

La compañía suiza ha sido designada para supervisar la construcción de un Maiora M|30 y de un superyate de 42 metros, ambos actualmente en desarrollo en astilleros italianos. Aunque las embarcaciones son diferentes, los propietarios compartían una misma necesidad: contar con un interlocutor técnico independiente capaz de revisar contratos, controlar la calidad constructiva y coordinar la comunicación entre todas las partes implicadas.

El armador busca independencia durante la construcción

La creciente complejidad técnica de los nuevos yates está modificando la relación tradicional entre cliente y astillero.

Hace apenas unos años, el papel del surveyor se concentraba principalmente en verificar que la construcción cumpliera las especificaciones previstas. Hoy ese trabajo se ha ampliado considerablemente. El representante del propietario participa desde las primeras revisiones contractuales hasta la entrega final del barco, supervisando decisiones técnicas, validando modificaciones de proyecto y comprobando que cada cambio responda realmente a los intereses del cliente.

Andrea Pezzini, cofundador y director de Floating Life, sostiene que ambas funciones —inspector técnico y representante del propietario— terminan coincidiendo cada vez con más frecuencia, porque la supervisión ya no consiste únicamente en revisar la calidad de la construcción, sino también en coordinar un proceso donde intervienen numerosos actores con objetivos distintos.

Los dos proyectos recientemente incorporados reflejan esa evolución. El Maiora M|30 navegará exclusivamente de forma privada por el Mediterráneo, con entrega prevista antes del verano de 2027. El superyate de 42 metros, en cambio, combinará uso privado y charter internacional, una circunstancia que obligó a revisar en profundidad especificaciones técnicas, certificaciones y requisitos contractuales para adaptarlos a una operación comercial futura en el Mediterráneo y el Caribe.

Ese tipo de diferencias explica por qué la supervisión comienza mucho antes de que el primer bloque del casco llegue al astillero. Muchas de las decisiones que determinarán el valor del barco dentro de diez o quince años quedan fijadas durante la negociación inicial del contrato.

La construcción de un superyate se profesionaliza

La evolución también está cambiando el perfil de empresas como Floating Life.

Fundada en Suiza en 2002, la compañía nació dedicada principalmente a la gestión técnica y administrativa de grandes yates. Sin embargo, el aumento de encargos relacionados con nuevas construcciones llevó a crear en septiembre de 2024 una división específica para este tipo de proyectos. En apenas dieciocho meses, el departamento ya participa en cuatro embarcaciones en distintas fases de desarrollo, entre ellas un Baglietto completamente personalizado y varios proyectos auxiliares, incluidos chase boats.

El crecimiento responde a una transformación más amplia dentro de la industria. Los propietarios con experiencia muestran una tendencia creciente a rodearse de asesores independientes durante todo el ciclo de construcción, del mismo modo que sucede desde hace años en sectores como la arquitectura o la aviación privada. La inversión económica, el elevado nivel de personalización y los largos plazos de ejecución hacen que el control técnico y contractual adquiera un peso cada vez mayor.

Floating Life ha optado, además, por mantener deliberadamente un número reducido de proyectos simultáneos. Según explica la compañía, pequeños detalles incluidos —o ausentes— en un contrato pueden influir de manera decisiva en la calidad final, las capacidades operativas y el valor futuro del yate, por lo que el seguimiento requiere una dedicación constante y un conocimiento profundo tanto de la construcción naval como de la gestión de proyectos.

Este cambio ayuda a entender cómo está evolucionando la gran náutica. Durante mucho tiempo el protagonismo recaía casi exclusivamente en diseñadores y astilleros. Hoy, alrededor de cada nuevo superyate aparece una red de especialistas cuya misión consiste en garantizar que el barco construido coincida realmente con el barco que el propietario creyó comprar cuando firmó el contrato.