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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
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La marina del futuro ya no es solo un lugar donde dejar el barco

Electricidad, biodiversidad, inteligencia artificial, nuevos modelos de inversión y hasta amarres capaces de recuperar energía. El Monaco Smart & Sustainable Marina Rendezvous muestra cómo están cambiando los puertos deportivos.

La marina del futuro ya no es solo un lugar donde dejar el barco

Un puerto deportivo solía poder explicarse de manera relativamente sencilla: agua protegida, amarres, electricidad, combustible y algunos servicios para propietarios y tripulaciones. Esa definición empieza a quedarse corta. Los barcos son mayores, necesitan más energía y conectividad, las ciudades quieren recuperar sus frentes marítimos y la presión para reducir el impacto ambiental obliga a medir aspectos que hace unos años apenas formaban parte de la gestión cotidiana de una marina.

Esa transformación ha sido el centro de la sexta edición del Monaco Smart & Sustainable Marina Rendezvous, celebrada los días 20 y 21 de septiembre y organizada por M3 Monaco. Profesionales de 30 nacionalidades se reunieron para abordar desde biodiversidad e inversión hasta electricidad en puerto, inteligencia artificial y ciberseguridad.

De aparcamiento de barcos a infraestructura estratégica

Uno de los debates más interesantes afecta incluso a la manera de valorar económicamente una marina. Durante mucho tiempo se consideró fundamentalmente un activo inmobiliario o vinculado al ocio. Ahora empieza a contemplarse como una infraestructura, en un contexto donde la demanda aumenta mientras buena parte de las instalaciones disponibles fueron diseñadas hace décadas para embarcaciones bastante más pequeñas.

Eso obliga a revisar desde el tamaño y distribución de los amarres hasta las redes eléctricas, el suministro de agua o la conectividad. Pero también modifica la relación del puerto con aquello que existe fuera de sus pantalanes.

Los ejemplos de Miami y Hong Kong mostrados en Mónaco apuntan precisamente en esa dirección. La marina pasa a integrarse en estrategias más amplias que incluyen turismo, comercio, restauración, empleo y transformación del frente marítimo. Los acuerdos público-privados adquieren entonces especial importancia para financiar obras costosas como dragados, nuevas infraestructuras o actuaciones ambientales.

No siempre significa construir desde cero. Uno de los temas recurrentes fue precisamente cómo adaptar instalaciones existentes. En el Grand Harbour de Malta, por ejemplo, el proyecto presentado mantiene la actividad portuaria mientras recupera parte del frente marítimo para uso público. En otros casos, la transformación puede llegar mediante pantalanes reconfigurables o nuevos equipamientos incorporados a estructuras antiguas.

La biodiversidad empieza también a entrar en esa ecuación. Setur Marinas trabaja con universidades y especialistas para identificar y monitorizar las especies presentes alrededor de sus instalaciones, mientras proyectos como Nemo's Garden plantean utilizar espacios costeros para instalar biosferas submarinas capaces de cultivar plantas sin suelo ni pesticidas.

El desafío consiste en pasar de las buenas intenciones a resultados medibles. Para atraer inversión, los proyectos necesitan datos que permitan conocer la situación inicial del ecosistema, seguir su evolución y demostrar posteriormente si las intervenciones han funcionado.

Robots de carga y amarres que producen energía

La transformación se vuelve mucho más visible al observar algunas de las tecnologías premiadas este año en los Monaco Smart & Sustainable Marina Awards.

La suiza Kolbev presentó un sistema móvil y robotizado de recarga para embarcaciones eléctricas. La idea permite a una marina empezar a ofrecer carga sin tener que instalar inmediatamente una costosa infraestructura fija en todos sus amarres, una cuestión especialmente relevante mientras el número de barcos eléctricos continúa siendo limitado. El proyecto ganó la categoría destinada a empresas todavía sin ingresos.

La italiana Seares trabaja sobre algo todavía más cotidiano: la amarra. Su sistema Seadamp utiliza tecnología mecatrónica para adaptar la amortiguación a los movimientos del oleaje. Al mismo tiempo, recupera parte de esa energía y la utiliza para alimentar sensores que permiten controlar en tiempo real las condiciones del amarre.

En otra categoría fue premiada la finlandesa The Warming Surfaces Company con Halia, una tecnología de calefacción de muy baja tensión que puede integrarse directamente en superficies, mobiliario y elementos interiores. Nemo's Garden recibió, por su parte, el premio especial de innovación por sus biosferas submarinas.

También la inteligencia artificial apareció en los debates, aunque con un enfoque deliberadamente práctico: identificar qué aplicaciones funcionan realmente en astilleros, marinas y barcos en lugar de abordar la IA únicamente como concepto. A medida que estas infraestructuras incorporan sensores, automatización y sistemas conectados, aparece inevitablemente otro problema: la ciberseguridad del puerto deportivo.

La transformación alcanza incluso a países que empiezan a contemplar la náutica como herramienta de desarrollo turístico. Indonesia quiere reforzar sus infraestructuras para convertirse en un destino internacional de turismo marítimo y yachting, mientras Egipto identifica todavía una carencia mucho más básica: no dispone de un instituto específicamente dedicado a la formación náutica y busca cooperación con Mónaco y otros países europeos para desarrollar ese conocimiento.

Son realidades muy diferentes, pero ambas muestran hasta dónde se ha ampliado la conversación alrededor de una marina. Ya no basta con preguntarse cuántos barcos puede recibir un puerto. Importan también la energía que necesitarán, su relación con la ciudad y el ecosistema, los datos que generará la infraestructura, la formación de quienes la gestionan y el capital necesario para transformarla.