El surf encuentra un nuevo compañero de viaje
Sudáfrica estrena un resort que combina olas y safari en una misma experiencia, reflejando una tendencia creciente hacia viajes donde el deporte, la naturaleza y la exploración del territorio forman parte de un mismo itinerario.
El surf siempre ha generado una manera particular de viajar. Más que un deporte, invita a desplazarse siguiendo el estado del mar, descubrir playas alejadas de los grandes circuitos turísticos y adaptar el recorrido al viento y a las olas. Esa cultura viajera continúa evolucionando y hoy encuentra nuevas formas de combinarse con otras experiencias ligadas a la naturaleza. Una de ellas es el llamado surfari, un concepto que une la búsqueda de buenas rompientes con la posibilidad de adentrarse en algunos de los ecosistemas más espectaculares del planeta.
La idea encuentra ahora una de sus expresiones más completas con la apertura de Club Med South Africa Beach & Safari, el primer resort de Club Med en Sudáfrica. Situado en la llamada Costa de los Delfines, en la provincia de KwaZulu-Natal, el complejo reúne en un mismo viaje dos de los grandes atractivos del país: las playas del océano Índico y la posibilidad de realizar safaris en reservas privadas.
La ubicación no es casual. Este tramo del litoral sudafricano conserva largas playas prácticamente vírgenes, dunas, bosques costeros y un ecosistema donde, según la época del año, es posible observar delfines y ballenas muy cerca de la costa. A solo media hora del aeropuerto internacional de Durban, representa una alternativa todavía poco conocida para el turismo europeo, alejada de los destinos más masificados del Índico.


Del océano a la sabana en un mismo viaje
El concepto de surfari responde a una evolución del turismo de aventura. Si durante años el viajero debía elegir entre unas vacaciones de playa o una expedición por la sabana, propuestas como esta integran ambas experiencias dentro de un mismo recorrido.
El resort incorpora la primera escuela oficial de surf de Club Med en todo el mundo, con clases diarias impartidas por instructores especializados y programas adaptados tanto para adultos como para niños a partir de cuatro años. La elección de KwaZulu-Natal responde también a las condiciones naturales de su litoral, conocido por ofrecer olas constantes durante buena parte del año y una temperatura del agua muy superior a la de otros destinos clásicos del surf.
La segunda parte del viaje se desarrolla tierra adentro. A unas cuatro horas por carretera se encuentra Vikela Safari Lodge, una reserva privada de 18.000 hectáreas accesible exclusivamente para los huéspedes del resort. Allí es posible realizar safaris guiados para observar a los llamados Big Five —león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo africano— alojándose en un campamento formado por 75 tiendas de campaña integradas en la sabana.
La propuesta puede completarse con una estancia en Ciudad del Cabo, configurando un itinerario que recorre tres de los paisajes más representativos de Sudáfrica: el Índico, la fauna salvaje y una de las ciudades más dinámicas del continente.




Un lujo ligado al territorio
Más allá de la apertura de un nuevo resort, el proyecto refleja una forma diferente de entender la hospitalidad de alta gama. El complejo ocupa 32 hectáreas desarrolladas sobre una antigua plantación de caña de azúcar y aspira a obtener certificaciones ambientales como Green Globe y Green Star. Además de eliminar progresivamente los plásticos de un solo uso mediante el programa Bye-Bye Plastics, incorpora productores locales a su cadena de suministro y ha generado más de 800 empleos directos en la región.
El complejo incluye también un espacio Exclusive Collection, la propuesta de mayor nivel de Club Med, concebida para quienes buscan una experiencia más personalizada sin perder el contacto con el entorno. La filosofía del proyecto apuesta por un lujo menos asociado a la ostentación y más relacionado con el tiempo, el paisaje y la posibilidad de acceder a lugares que conservan una fuerte identidad natural.
La combinación de surf y safari resume bien hacia dónde evoluciona parte del turismo experiencial. El viajero ya no busca únicamente descansar junto al mar ni limitarse a observar la naturaleza desde la distancia. Quiere recorrer un territorio, comprenderlo y vivirlo desde perspectivas diferentes. En la costa de KwaZulu-Natal, las olas del Índico y la sabana africana dejan de ser dos destinos independientes para convertirse en una única forma de viajar.