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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
entrevista 5 min de lectura

“España debería ser el gran país europeo para aprender a navegar”

El fundador de Sailwiz y director adjunto de Cenáutica reflexiona sobre la evolución de la náutica en España, el auge de las experiencias compartidas y el potencial todavía desaprovechado de la economía azul.

“España debería ser el gran país europeo para aprender a navegar”

Hablar con Álvaro García de Polavieja significa observar cómo está cambiando la relación de los españoles con el mar. Procedente de una familia históricamente vinculada a la formación náutica y al frente hoy de proyectos como Cenáutica y Sailwiz, lleva años trabajando en un punto de encuentro poco habitual entre tradición marinera, digitalización y nuevas formas de viajar. En un momento en el que la navegación compartida, las experiencias a vela y la economía azul empiezan a ganar terreno, su mirada ayuda también a entender los retos pendientes de un sector que en España todavía parece lejos del potencial que le permitirían sus más de 8.000 kilómetros de costa.

En muchos países europeos la navegación forma parte de una cultura bastante cotidiana, mientras que en España la náutica sigue percibiéndose en gran parte como algo caro o reservado para una minoría. ¿Crees que esa percepción está cambiando?

Creo que está cambiando, aunque probablemente no tan rápido como nos gustaría a quienes queremos fomentar el desarrollo de la náutica en España. Seguimos lejos de la cultura de navegación recreativa que existe en países como Francia, Italia o algunos del norte de Europa. Persisten barreras importantes, empezando por esa imagen elitista que históricamente ha acompañado al sector, pero también hay otros retos. Hace falta una apuesta más decidida de las administraciones, tanto estatales como autonómicas, en ámbitos que afectan directamente al crecimiento de la náutica. También necesitamos una mayor profesionalización que permita a las empresas crecer, atraer inversiones y, sobre todo, mejorar las condiciones de quienes trabajan en el sector para captar y retener talento.

Sailwiz nace con la idea de facilitar el acceso a experiencias náuticas sin necesidad de tener barco propio. ¿Cuándo entendiste que ahí había una oportunidad real de negocio?

El cambio del modelo basado en la propiedad hacia el pago por uso es una tendencia global y en la náutica tiene un potencial enorme. En nuestro caso confluyen varios factores: la escasez de amarres, el aumento de costes asociados a tener un barco y también una mayor conciencia sobre sostenibilidad. Compartir embarcación es una fórmula cada vez más habitual. Durante años se han realizado estudios entre personas que obtenían titulaciones náuticas y muchos navegantes acababan sin utilizar realmente su licencia porque no encontraban productos adaptados a quienes querían navegar sin comprarse un barco. Eso ha empezado a cambiar. Y la digitalización ha sido clave para que nuevas formas de consumo y de acceso al mar puedan llegar al público de una forma mucho más sencilla.

Muchas startups llegan a sectores tradicionales intentando romper con todo lo anterior. En vuestro caso parece existir más bien una voluntad de conectar tradición náutica, formación y nuevas formas de viajar.

No creo que Sailwiz haya roto con lo anterior. Quizá simplemente ha aportado su granito de arena para evolucionar e impulsar algo que ya existía. Airbnb no inventó el alquiler de apartamentos ni Blablacar los viajes compartidos en coche. Salvando las distancias, en nuestro caso se trataba de reunir en un mismo lugar una oferta que ya existía para facilitar la experiencia de quienes quieren buscar y compartir un viaje en barco, una travesía o un curso de vela. El objetivo ha sido aportar valor tanto a quienes se embarcan como a las empresas y profesionales que ofrecen estas experiencias, intentando que todo funcione mejor y sea más accesible.

El perfil de usuario también parece haber cambiado mucho. Hoy hay personas que buscan una travesía en velero casi como quien reserva una experiencia gastronómica o un retiro. ¿Cómo ha evolucionado ese tipo de cliente?

Los perfiles son muy diversos. Hablar hoy del perfil del navegante sería casi como hablar del perfil del turista: es algo completamente heterogéneo. En Sailwiz vemos desde personas que quieren aprender a navegar u obtener una titulación náutica hasta aventureros que sueñan con cruzar el Atlántico a vela o participar en expediciones polares. También hay aficionados a la pesca, viajeros que buscan contacto con la naturaleza y el medio marino, o incluso profesionales de otros sectores que encuentran en la navegación compartida una forma distinta de vida o un posible cambio de rumbo profesional. Lo interesante es que el mar ha dejado de atraer únicamente a un perfil muy específico.

Después de tantos años entre formación náutica, emprendimiento y turismo marítimo, ¿cómo imaginas el futuro del sector?

Personalmente, desde la irrupción de la inteligencia artificial, me cuesta mucho imaginar el futuro con claridad. Creo que todos estamos todavía intentando entender hacia dónde vamos. Pero si realmente avanzamos hacia una sociedad donde las personas puedan disponer de más tiempo libre sin perder calidad de vida, entonces el turismo en general y la náutica en particular podrían estar ante el mayor crecimiento de su historia.

En los últimos años se habla mucho de la economía azul. ¿Crees que España está aprovechando realmente su potencial marítimo?

Estamos muy lejos de todo lo que podríamos llegar a hacer. España debería ser el gran país europeo para aprender a navegar. Tenemos un clima que permite hacerlo prácticamente todo el año, una enorme variedad geográfica entre Mediterráneo, Atlántico, islas, rías o navegación fluvial, además de infraestructuras y conexiones excelentes. Lo que falta es una estrategia clara de posicionamiento. Si conseguimos que mucha gente venga a España a aprender a navegar, probablemente volverá durante años para seguir disfrutando del país y del mar.

Vienes de una familia muy vinculada a la náutica. ¿Cómo empezó tu propia relación con el mar?

Desde pequeño viví el emprendimiento náutico en casa. Recuerdo acompañar a mis hermanos mayores a las regatas de vela ligera cuando competían. Mi padre fundó Cenáutica y, cuando terminé la carrera de informática, me incorporé a la empresa familiar, aunque desde mucho antes todos mis hermanos —somos seis— habíamos ayudado de una forma u otra. Algunos de mis mejores recuerdos están ligados a la navegación con amigos. No sé si hubo un momento concreto en el que decidiera dedicarme profesionalmente a este mundo, pero sí recuerdo que esas experiencias me reafirmaron en la idea de ayudar a otras personas a descubrir la navegación recreativa.

A menudo se habla del mar como espacio de libertad, aunque quienes trabajan en él conocen también su parte más dura. ¿Cómo ha cambiado tu relación con el mar con el paso de los años?

Vivir el mar es algo fascinante y realmente transmite esa sensación de libertad que muchas personas buscan. Pero trabajar en él es duro. Es un entorno exigente y quienes llevan la parte más difícil son los patrones e instructores que pasan cientos de días al año navegando, bajo el sol, con mal tiempo, resolviendo problemas y atendiendo a clientes o alumnos. A mí me toca más dirigir desde tierra y procurar que todo funcione para que las experiencias a bordo salgan bien. Con el tiempo he entendido que el mar, además de un medio de vida, es también una escuela. Enseña convivencia, respeto por la naturaleza y conciencia sobre el impacto humano en el planeta. Creo sinceramente que también es una gran escuela de valores para los jóvenes. El mar es necesario.