Rolex Swan Cup 2026: sesenta años construyendo una comunidad
La edición del 60º aniversario de Nautor Swan reunió en Porto Cervo a 170 barcos de 30 países y más de 2.000 navegantes. Entre campeones de la America’s Cup, familias, clásicos y nuevos modelos, la competición volvió a mostrar por qué pertenecer al universo Swan va mucho más allá de tener un barco.
Para comprender qué hace diferente a la Rolex Swan Cup, basta caminar por los pantalanes de Porto Cervo antes de una regata. Los sacos de las velas esperan en el muelle, las tripulaciones van y vienen con uniformes de colores diferentes, el mistral hace sonar las jarcias y, alineados unos junto a otros, aparecen barcos que podrían pertenecer a épocas distintas de la vela.
Este año eran 170 Swan de 30 países, reunidos para celebrar los sesenta años de Nautor Swan. Puestos uno detrás de otro superarían la milla y media de longitud. En un extremo estaba Tarantella, el Swan 36 nº 001 diseñado por Sparkman & Stephens, el primer barco construido por Nautor Swan y botado en 1967. En el otro, el Swan 128 y los representantes de una generación que utiliza materiales, tecnología y conocimientos hidrodinámicos difíciles de imaginar cuando el astillero nació en Finlandia en 1966. Entre ambos, seis décadas de evolución de la vela.
La dimensión histórica explica solo una parte de lo ocurrido en Porto Cervo. La Rolex Swan Cup es una regata y en el agua nadie parece dispuesto a olvidar que ha venido a competir. Pero existe también una cierta atmósfera gentleman: barcos que se respetan en los cruces, propietarios que compiten unos contra otros y unas horas después comparten mesa, profesionales de primer nivel mezclados con navegantes aficionados. La rivalidad puede ser feroz —y las protestas forman parte de cualquier regata— sin borrar unas formas que pertenecen también a una determinada cultura de la vela.
La escala internacional ayuda a entenderlo. Más de 2.000 navegantes llegados de todo el mundo, con barcos bajo las banderas de todo el mundo, desde Australia, Japón y Nueva Zelanda hasta buena parte de Europa y América, se reunieron entre el 14 y el 20 de septiembre en Porto Cervo. Propietarios, tripulaciones, familias y profesionales terminaron formando durante una semana aquello que Swan denomina desde hace años su familia.
La estrella veterana de la vela, el estadounidense Paul Cayard, lo resumía de manera bastante directa: para cualquier otro constructor sería prácticamente imposible organizar un encuentro de estas dimensiones alrededor de una única marca. El nuevo CEO de Nautor Swan, Gianguido Girotti, identificaba la diferencia en otro lugar: el orgullo de poseer uno de estos barcos, los Rolls-Royce de los mares.




Sesenta años de vela compartiendo el mismo pantalán
La imagen probablemente más eficaz de esta edición se produjo antes de comenzar las regatas, cuando la denominada Danza dei Cigni reunió a toda la flota en una navegación alrededor de la Isola dei Monaci. Clásicos y modelos actuales compartieron el mismo mar en una formación difícil de reproducir con cualquier otro astillero.
Después llegó la competición y Porto Cervo ofrece para ello uno de los escenarios naturales más espectaculares del Mediterráneo: viento, pasos entre islas, cambios de intensidad y recorridos capaces de llevar a barcos muy diferentes entre las costas recortadas de la Costa Smeralda y el archipiélago de La Maddalena. A bordo había además una concentración poco habitual de experiencia de America’s Cup y gran vela internacional: además de Cayard, patrón de Il Moro di Venezia en la Copa de 1992, participaron nombres como Checco Bruni, Vasco Vascotto y Ed Baird, timonel del Alinghi vencedor de la America’s Cup de 2007.
La diversidad de la flota obliga a organizar mundos de competición muy distintos. Están los ClubSwan One Design, donde barcos de la misma clase compiten en tiempo real y las diferencias dependen directamente de la tripulación, la táctica y las maniobras; los grandes Maxi; los cruiser-racer y los Swan Legacy, que permiten ver en competición diseños de Sparkman & Stephens, Ron Holland o German Frers varias décadas después de haber salido del tablero de dibujo.
En Swan Maxi, Freya, un Swan 90, remontó gracias a tres victorias consecutivas en las últimas pruebas. Arobas, Swan 601, se impuso entre los Mini-Maxi y From Now On, Swan 45, en Cruiser Racer. Entre los Legacy, Shirlaf, Swan 65, ganó la categoría Sparkman & Stephens de 47 pies o más; Pride, Swan 44, la categoría inferior y además el título absoluto Legacy; Lunz am Meer, Swan 651, se impuso entre los clásicos de Frers. Black Zero, Swan 51, ganó Pure Cruising y Azzurro, Swan 78, Maxi Pure Cruising.
Entre los ClubSwan 50, Earlybird, de Hendrik Brandis y con Checco Bruni a la táctica, ganó cinco de siete pruebas y se llevó la clase por delante de Cuordileone y Hatari. Team 42+1 consiguió seis victorias consecutivas en ClubSwan 43.
Uno de los duelos más interesantes tuvo acento español. En ClubSwan 42 se enfrentaban dos equipos que llevan varias temporadas midiéndose entre sí: Nadir, del mallorquín Pedro Vaquer Comas y vinculado al Club de Vela Port d’Andratx, y Pez de Abril, del murciano José María Meseguer. Pez de Abril había ganado el Mundial de la clase en Porto Cervo en 2025 precisamente por delante de Nadir; este verano, Nadir llegó a la Rolex Swan Cup después de imponerse en la Copa del Rey.
En Porto Cervo el derbi terminó llevado prácticamente al límite: ambos cerraron la semana empatados a diez puntos y con idénticos resultados computables —tres primeros, dos segundos y un tercero—. Todo se decidió en la última manga. Nadir ganó, Pez de Abril fue tercero y el título terminó en manos de Vaquer. En ClubSwan 36 venció otro Cuordileone, en este caso el de Edoardo Ferragamo, mientras Anya Race se llevó el ClubSwan 28 por un solo punto frente a Black Swan.
Por la tarde, los barcos regresaban a unos pantalanes donde seguía la actividad. Luego llegaron los encuentros en Piazza Azzurra, la cena de armadores del jueves o el crew party del Pevero el viernes. Algunos propietarios dormían en hoteles; otros, a bordo con sus familias. Esa mezcla ayuda a entender por qué Giorgio Benussi, secretario general del Yacht Club Costa Smeralda, define el encuentro como una reunión familiar en la que profesionales, aficionados, campeones y leyendas de la vela terminan compartiendo el mismo espacio.




De Ferragamo a Perotti, sin salir del agua
Hay una figura que permite recorrer buena parte de la historia reciente de Swan sin abandonar esos mismos pantalanes. Leonardo Ferragamo no es únicamente el empresario de la moda apasionado de vela que compró Nautor Swan en 1998. Es también un navegante que lleva décadas compitiendo con sus propios barcos. En Porto Cervo estaba de nuevo con Cuordileone, su ClubSwan 50, acompañado esta vez por Paul Cayard como táctico.
La distinción importa porque explica parte de la cultura desarrollada por Swan durante los 26 años de Ferragamo al frente de la compañía. El empresario italiano pertenece al mismo pequeño mundo de propietarios al que vendía los barcos: los navega, compite con ellos y conoce desde dentro esa combinación de exigencia deportiva, diseño, vida social y pasión por la vela. En 2022 fue incluso campeón mundial de ClubSwan 50 con Cuordileone.
Ahora la propiedad está cambiando de manos, aunque de manera gradual. El grupo Sanlorenzo adquirió en 2024 el 60% de Nautor Swan, mientras Ferragamo mantiene por el momento el 40% restante y continúa como presidente; el segundo cierre, que completará la adquisición, está previsto antes de abril de 2028.
Para Massimo Perotti, presidente de Sanlorenzo y procedente de un mundo dominado por los grandes yates a motor, la Rolex Swan Cup supone también entrar físicamente en esa cultura que combina amor por el deporte y exclusividad. En Porto Cervo salió a navegar en el nuevo Swan 80 y explicó una visión que ayuda a comprender dónde pretende situar el grupo sus marcas en los próximos años.
Su punto de partida es que las nuevas generaciones están modificando su relación con los bienes de lujo. Acumular objetos pierde parte de su atractivo frente a otra mercancía mucho más difícil de comprar: tiempo bien vivido. La náutica encaja especialmente bien en ese desplazamiento porque el barco puede convertirse en un lugar desde el que vivir, viajar e incluso trabajar durante periodos largos.
Perotti lleva el razonamiento hacia dos conceptos que empiezan a aparecer cada vez más en el discurso del lujo contemporáneo: bienestar y longevidad. No entendida esta última simplemente como vivir más años, sino como conservar durante más tiempo la posibilidad de hacer aquello que produce placer. En ese contexto quiere situar Sanlorenzo, Bluegame y ahora también Swan.
Un horizonte para pocos privilegiados, es cierto, pero incluso con presupuestos prácticamente ilimitados, el viento, el mar y el tiempo siguen imponiendo sus propias reglas. En Porto Cervo, durante una semana, esa relación con el mar volvió a mezclarse con otra más difícil de fabricar industrialmente. La Rolex Swan Cup demuestra que construir una comunidad alrededor de una marca es posible. Lo difícil es conseguir que, sesenta años después, sus miembros sigan sintiendo que han venido a encontrarse entre ellos y no simplemente a participar en un evento.