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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
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Punta del Este: Donde el Atlántico se viste de Plata

De sus orígenes como pueblo de pescadores a los grandes hoteles y restaurantes de lujo, Punta del Este reúne playas atlánticas, arte y algunos de los enclaves más exclusivos de Uruguay.

Punta del Este: Donde el Atlántico se viste de Plata

Una península de tierra angosta separando el Río de la Plata del Atlántico. Al oeste, la Playa Mansa, de aguas tranquilas y fondo de bahía, donde se puede nadar sin que el mar oponga demasiada resistencia. Al este, la Playa Brava, donde el océano llega sin aviso y las olas tienen la altura y el carácter de quien ha cruzado desde África sin hacer escalas. La línea que separa ambas aguas pasa por el extremo de la península, frente al puerto, y en ese punto exacto la geografía convierte a Punta del Este en uno de los accidentes costeros más singulares de América del Sur. 

La ciudad más al sur de Uruguay lleva décadas acumulando apodos con una modestia que no le corresponde. El Mónaco del Sur, la Perla del Atlántico, los Hamptons de América, el Saint-Tropez del Cono Sur. Ninguno termina de encajar bien porque Punta del Este es, antes que cualquier otra cosa, ella misma.

De lobos marinos a yates privados

En 1829 Francisco Aguilar, un comerciante canario llegado a Uruguay en 1810, fundó el primer asentamiento en la península con el nombre de Villa Ituzaingó, en honor a una batalla que acababa de librar la joven república contra el Imperio brasileño. El villorrio original no tenía mucho. Unas familias de pescadores, algunos faeneros que trabajaban en la matanza de lobos marinos en la Isla de Lobos, una industria de baldosas y algún campo de patatas. Nadie habría apostado entonces por el destino de aquel paraje.

El primer giro llegó en 1860 con la construcción del faro, que todavía se conserva en el Barrio Antiguo. En 1891, el vicecónsul británico Enrique Burnett comenzó a plantar los primeros pinos marítimos en la península, transformando lo que hasta entonces era un desierto de arena en algo que empezaba a tener el aspecto de un lugar donde uno podría querer pasar unos días. 

El primer hotel llegó en 1893, instalado en las dependencias de una empresa pesquera quebrada. En 1951, en el Cantegril Country Club, se celebró el Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este, donde se proyectó Rashomon de Akira Kurosawa, una de las películas que ayudó a situar este festival en el circuito internacional. Y, de pronto, en los años 80 llegó el gran boom inmobiliario, los edificios frente al mar, los yates en el puerto y la confirmación definitiva de que este destino había dejado de ser un paraje de pescadores para convertirse en el balneario más glamuroso de América Latina.

La ciudad y sus símbolos

El puerto concentra buena parte de la vida cotidiana de Punta del Este. Los lobos marinos llevan décadas instalados en el muelle y conviven con los yates de temporada con una indiferencia mutua que resulta bastante representativa del espíritu del lugar. A pocos metros, el faro sigue siendo el símbolo histórico de la ciudad. Fue construido en 1860 por el ingeniero Tomás Libarona con una amalgama de ceniza volcánica traída de Roma, un material de dureza superior al cemento que explica el estado de conservación con que ha llegado hasta hoy. 

La torre troncocónica de mampostería, que tiene 25 metros de altura y alcanza los 44 metros sobre el nivel del mar, fue durante décadas la construcción más alta de la ciudad y todavía hoy domina visualmente el Barrio Antiguo. En 1976 fue declarado Monumento Histórico Nacional y desde 1905 conserva un libro de visitas donde los veraneantes de principios del siglo pasado dejaron sus firmas en los años en que Punta del Este empezaba a intuir lo que iba a ser.

La Avenida Gorlero es el eje comercial, con galerías, restaurantes y la Plaza Artigas, donde funciona una feria de artesanía que vende productos de cuero, piedra, vidrio y metal en una desigual competencia con el glamour que se esconde en Enjoy Punta del Este, al otro lado de la calle. 

En Playa Brava, La Mano emerge de la arena desde 1982 con sus cinco dedos de hormigón señalando el cielo. Esta escultura del chileno Mario Irarrazabal es la postal más reproducida del destino y también, por ello, la más banalizada. Mejor visitarla de noche, cuando no hay nadie haciéndose fotos delante.

A ocho kilómetros de la costa, la Isla de Lobos alberga la colonia de lobos marinos más grande de América del Sur sobre 41 hectáreas de roca. Fue descubierta por Juan Díaz de Solís en 1516. La Isla Gorriti, más cercana y accesible en barca desde el puerto, fue declarada Patrimonio Histórico Nacional y no tiene ningún edificio construido. Solo pinos, dos playas y la vista de vuelta a Punta del Este que resulta ser la mejor manera de entender su dimensión.

Casapueblo y el arte del atardecer

Cerca de la ciudad, en los acantilados de Punta Ballena, Carlos Páez Vilaró comenzó a construir en 1958 lo que él mismo definió como una escultura viviente. Casapueblo creció durante décadas sin planos ni arquitectos, habitación a habitación, siguiendo la lógica de alguien que construía para sus amigos y no para clientes. El artista uruguayo la describía como una casa construida a la manera de los horneros, imitando lo que hacen los pájaros cuando no tienen acceso a permisos de obra. 

El resultado es un edificio blanco con referencias mediterráneas que cuelga sobre el Atlántico con una seguridad estructural que ha sorprendido a todos los ingenieros que lo han visitado desde entonces. Hoy funciona como hotel, museo, galería de arte y cafetería. Y el atardecer desde sus terrazas es el más famoso de toda la costa uruguaya, aunque la razón de su fama no es solo la luz sino el rito que la acompaña. 

Cada tarde, quince minutos antes de que el sol toque el horizonte, las terrazas se llenan de visitantes con una copa de vino o un Aperol Spritz en la mano. A esa hora exacta los altavoces de Casapueblo emiten la grabación de la voz del propio Páez Vilaró recitando su Poema al Sol. La grabación dura exactamente los minutos que tarda el astro en desaparecer bajo el agua y el texto mezcla geografía, gratitud y una melancolía sin aspavientos que menciona la Polinesia, el Sahara, la Amazonia y los caminos al Machu Picchu antes de cerrar con una despedida al sol que, según nos recuerda Páez Vilaró, provoca una lágrima al recordar que esa misma luz alumbró también la vida de los que ya no están. 

La Barra y José Ignacio

Siguiendo la costa hacia el noreste, La Barra fue en los años cuarenta un pueblo de pescadores donde los vecinos de San Carlos construían sus casas de veraneo. Lo que es hoy resulta difícil de reconciliar con esa descripción: galerías de arte, tiendas de antigüedades, restaurantes con carta de autor y una vida nocturna que en temporada alta convierte sus calles en algo parecido a un festival permanente. 

A 25 kilómetros más al este, José Ignacio funciona con una lógica diferente. No hay edificios altos, no hay resorts visibles desde la calle ni señales que indiquen dónde está exactamente cada hotel. Los alojamientos se esconden detrás de muros, los caminos son de tierra en varios tramos y la vida nocturna se reduce a lo que cada restaurante decida hacer esa noche. En los años setenta, Francis Mallmann abrió aquí su primer restaurante fuera de Argentina, en la Posada del Mar, cocinando a la luz de gas porque el pueblo todavía no tenía electricidad. Ese detalle explica bien el tipo de lugar que es José Ignacio. El faro al atardecer, con la laguna al fondo y el Atlántico delante, es la versión más tranquila y quizá más auténtica del privilegio que ofrece esta costa.

El lujo como razón de ser

Punta del Este recibe cada temporada alta cerca de 700.000 visitantes y en un solo mes registró 770 vuelos privados. La historia del lujo en este balneario corre paralela a la del turismo de élite en América del Sur. Ralph Lauren tiene casa aquí, Shakira ha sido vecina en una temporada de su vida, Elon Musk se ha dejado ver por José Ignacio y los Murdoch frecuentan la costa desde hace años. 

El Fasano Las Piedras, diseñado por Isay Weinfeld en La Barra, fue durante años el referente del lujo discreto en esta costa. Bungalows integrados en el paisaje agreste, piscina tallada sobre roca y cocina de trattoria italiana. Junto a él, proyectos como Bahía Vik y Estancia Vik, en José Ignacio, han aportado una visión más contemporánea del lujo, donde el arte, la arquitectura y el paisaje forman parte de la experiencia tanto como el alojamiento. 

El grupo propietario de Fasano acaba de adquirir el antiguo hotel Conrad, la torre frente a Playa Mansa por cuyo salón pasaron Liza Minnelli y Luis Miguel, con una inversión prevista de hasta 500 millones de dólares para reconvertirlo en un ecosistema mixto de hotel, residencias y restaurantes. Sobre el solar del histórico Hotel San Rafael, la familia Cipriani y el arquitecto Rafael Viñoly han levantado el Cipriani Resort, Residences & Casino, con 64 suites en una primera fase, Harry’s Bar, casino y club de playa, cuyas primeras instalaciones abrieron este año. A ellos se suma también The Grand Hotel Punta del Este, convertido en uno de los establecimientos más reconocidos de Playa Brava gracias a su ubicación frente al mar y a una propuesta orientada al bienestar y al turismo de alto nivel.

La gastronomía acompaña con la misma ambición. En José Ignacio, Parador La Huella lleva dos décadas marcando el ritmo de la escena culinaria de la costa uruguaya con su propuesta de brasas, mariscos y langostinos al ajillo frente al mar, en un formato de parador de playa que ha sido copiado en toda la región. Muy cerca, Marismo se ha convertido en otro de los grandes nombres del destino gracias a su cocina de fuego y a un ambiente único entre jardines iluminados por velas. También en José Ignacio, Mostrador Santa Teresita, el proyecto del chef Fernando Trocca, atrae cada temporada a viajeros y residentes internacionales con una propuesta informal basada en producto fresco y recetas de inspiración mediterránea. 

Ya en Punta del Este, Lo de Tere sigue siendo una referencia para quienes buscan los mejores pescados y mariscos del Atlántico Sur. El mencionado Harry’s Table de Cipriani completa una oferta gastronómica que habría resultado impensable hace apenas unas décadas en lo que entonces era un pequeño pueblo de pescadores.

Que la misma península donde Francisco Aguilar trajo dromedarios, porque no había otro animal capaz de trabajar en aquella arena, sea hoy el escenario de proyectos firmados por Viñoly y Weinfeld, con Cipriani y Fasano disputándose el mismo kilómetro de costa, dice algo sobre la velocidad a la que puede transformarse un lugar cuando la geografía y la ambición señalan en la misma dirección.

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FICHA DE NAVEGACIÓN — PUNTA DEL ESTE
  • Posición en costa. Punta del Este se sitúa en la confluencia del Río de la Plata y el Océano Atlántico, en el extremo sureste de Uruguay, departamento de Maldonado. Las coordenadas del puerto son latitud 34° 57' 8" S y longitud 54° 57' W. La distancia navegando desde Buenos Aires es de aproximadamente 175 millas náuticas en línea recta, aunque la ruta real por el Río de la Plata exige un trazado en zigzag para evitar zonas de poco calado y pecios, lo que alarga considerablemente el derrotero. Desde Montevideo, la distancia es de unas 65 millas náuticas.
  • Puerto Nuestra Señora de la Candelaria. Es el principal puerto deportivo de Uruguay y el mayor de la orilla rioplatense oriental. Cuenta con cinco marinas, posibilidad de amarre a muro y a borneo, y una escollera de protección de 430 metros orientada al noroeste, coronada en el extremo por la baliza SUKY con destellos de color rojo cada 5 segundos. La rada portuaria ocupa 28 hectáreas. Dispone de 490 amarres en marina y unos 170 borneos adicionales, con espacio en tierra para aproximadamente 350 embarcaciones. Para embarcaciones de gran eslora que no puedan acceder al puerto, existe la opción de fondear en la rada exterior con servicio de tender para traslado a tierra.
  • Reservas. Las reservas de amarre en temporada alta (del 16 de diciembre al 15 de marzo) deben solicitarse con un año de antelación de forma presencial en las oficinas de la Dirección Nacional de Hidrografía, que gestiona el puerto. Fuera de temporada no se requiere reserva previa y los puestos se asignan por orden de llegada. Contacto para reservas: dnh.puntadeleste@mtop.gub.uy.VHF canal 20 para la Dirección Nacional de Hidrografía. La Prefectura Naval opera en VHF canal 16. La Asociación de Salvamentos Marítimos (ADES) atiende en VHF canal 9.
  • Servicios. Suministro de energía eléctrica y agua potable en todas las marinas, duchas y baños para usuarios de amarres, vigilancia diurna y nocturna, recogida de residuos a bordo y en tierra, repostaje de combustible, servicio de varada con travelift hasta 25 toneladas y asistencia técnica en reparaciones. El puerto dispone también de conexión Wi-Fi.
  • Yacht Club Punta del Este. Fundado en 1924, es el club náutico de referencia en la península y sede del Circuito Atlántico Sur Rolex Cup, organizado junto al Yacht Club Olivos y el Yacht Club Argentino. Ofrece a los visitantes traslados a las embarcaciones las 24 horas y restaurante con vistas al puerto y deck panorámico. Tel. +598 4244 0219.
  • Clima y navegación. La temporada favorable transcurre entre noviembre y abril, con vientos predominantes del suroeste y noreste. El fenómeno meteorológico más relevante para la navegación en la zona es el pampero, un viento frío y racheado procedente del suroeste que puede desarrollarse con rapidez y alcanzar intensidades importantes, especialmente en el Río de la Plata. La temperatura del agua en verano ronda los 22-24°C en la zona atlántica de la península. La proximidad al estuario hace que las condiciones en el río y en el océano abierto difieran considerablemente incluso con distancias cortas.