Los explorer ya no obligan a elegir entre ciencia y lujo
Akula demuestra cómo una nueva generación de yates de exploración está combinando capacidades técnicas propias de un buque de trabajo con interiores concebidos para largas estancias alrededor del mundo.
Durante mucho tiempo, los explorer yachts respondían a una lógica bastante sencilla. Eran barcos robustos, preparados para navegar miles de millas y operar en lugares remotos, pero donde el confort ocupaba un papel claramente secundario. Esa separación empieza a desaparecer. Los proyectos más recientes buscan ofrecer capacidades técnicas muy avanzadas sin renunciar al nivel de sofisticación que se espera hoy de un superyate.
El ejemplo más reciente es Akula, un Rossinavi de 59,4 metros entregado en 2024 que acaba de salir al mercado a través de Fraser. Su aspecto exterior mantiene la imagen poderosa propia de un explorer, con un casco rojo inconfundible y una arquitectura concebida para largas travesías, pero el proyecto va mucho más allá de esa estética. Detrás existe una reflexión sobre cómo debe ser un barco preparado para recorrer el mundo durante meses sin perder la sensación de estar en una vivienda privada.
Construido íntegramente en acero y desarrollado como un proyecto completamente personalizado por Rossinavi junto al estudio FM Architettura, Akula fue concebido para un propietario con una larga experiencia en navegación y una fuerte afición por el submarinismo, la investigación marina y los grandes viajes. Esa combinación explica muchas de las decisiones que aparecen repartidas por sus seis cubiertas.







Un barco preparado para llegar donde otros no llegan
Las cifras ayudan a entender el planteamiento del proyecto.
Akula dispone de una autonomía superior a las 8.000 millas náuticas, suficiente para realizar travesías transoceánicas sin escalas frecuentes. La propulsión diésel-eléctrica con pods Caterpillar reduce consumo, vibraciones y ruido durante la navegación, mientras la certificación Ice Class II permite operar en zonas donde el hielo estacional obliga a reforzar la estructura del casco. A ello se añade la certificación RINA Green Plus, que reconoce soluciones orientadas a minimizar el impacto ambiental.
Sin embargo, la capacidad de exploración no depende únicamente de la autonomía. El barco incorpora posicionamiento dinámico para mantener su ubicación sin fondear, una grúa preparada para operar con sumergibles, espacio para una embarcación auxiliar de nueve metros y áreas específicamente diseñadas para transportar equipos de buceo, investigación y exploración submarina. Es una configuración poco habitual incluso dentro del segmento explorer y refleja el creciente interés de algunos armadores por combinar navegación de recreo con expediciones científicas o documentales.
La distribución técnica también responde a esa filosofía. Los garajes permiten transportar distintos tipos de embarcaciones auxiliares sin invadir las áreas destinadas a los invitados, mientras un ascensor conecta todas las cubiertas para facilitar la circulación durante largas estancias a bordo.








El interior habla el lenguaje del viaje
Si el exterior recuerda a un buque preparado para cruzar océanos, el interior busca transmitir exactamente la sensación contraria.
Francesca Muzio y Luca Boldrini, fundadores de FM Architettura, explican que desde el principio quisieron evitar una interpretación excesivamente técnica del explorer. Su intención consistía en crear una casa donde cada material evocara una experiencia de viaje, un paisaje o un oficio artesanal.
La idea aparece desde el salón principal. Las columnas estructurales están revestidas con antiguas velas náuticas recicladas, mientras la gran mesa del comedor incorpora hojas de tabaco prensadas bajo una superficie de madera. Los sofás, diseñados específicamente para este proyecto, integran compartimentos ocultos y pequeños detalles funcionales que eliminan la necesidad de añadir mobiliario auxiliar. Incluso la gran alfombra de lana y seda reproduce el dibujo ramificado de un delta fluvial.
Ese mismo lenguaje continúa en el resto del barco. La suite principal incorpora un despacho privado donde predominan el roble natural, el bronce trabajado a mano y paneles textiles bordados con orquídeas tridimensionales. En los camarotes de invitados aparecen papeles pintados de rafia, sedas vegetales y soluciones flexibles, como una cabina doble capaz de transformarse en matrimonial mediante un sistema de camas deslizantes integrado completamente en la arquitectura interior.
Los baños completan esa narrativa utilizando mármol Imperial Beige junto a muebles inspirados en los antiguos baúles de vapor con herrajes de bronce y tiradores de cuero. Ningún material pretende impresionar por su valor económico; todos buscan construir una historia coherente con la personalidad del barco.
En cubierta, la experiencia continúa alrededor de una piscina climatizada, un espacio de teppanyaki, gimnasio, sauna y un amplio beach club conectado directamente con el mar. Son equipamientos habituales en un superyate contemporáneo, pero aquí conviven con una plataforma concebida para transportar vehículos de exploración y desarrollar campañas de navegación de muy largo alcance.
Akula refleja una transformación interesante dentro de los explorer yachts. Durante años este segmento estuvo asociado principalmente a la resistencia, la autonomía y la capacidad operativa. Hoy esos atributos siguen siendo fundamentales, pero empiezan a convivir con una atención creciente hacia el diseño interior, la narrativa de los materiales y una forma de habitar el barco mucho más cercana a la arquitectura residencial que a la ingeniería naval.