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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
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YYachts cumple diez años con la simplicidad como brújula

El astillero alemán fundado por Michael Schmidt en 2016 ha construido más de 50 veleros de carbono con el objetivo de reducir peso, sistemas y tripulación para devolver protagonismo a la navegación.

YYachts cumple diez años con la simplicidad como brújula

En una industria donde aumentar el tamaño suele significar añadir sistemas, equipamiento y complejidad, YYachts lleva diez años intentando recorrer el camino contrario. El astillero alemán nació en 2016 alrededor de una idea bastante sencilla: construir grandes veleros capaces de ofrecer el confort esperado en este segmento sin convertir cada salida al mar en una operación que necesite una pequeña organización detrás.

El origen está estrechamente ligado a Michael Schmidt, navegante, constructor y empresario alemán con décadas de experiencia en la vela. Schmidt buscaba un barco para sí mismo y no encontraba en el mercado exactamente lo que quería: un velero grande, ligero y rápido, pero también sencillo de manejar. De aquella búsqueda nació primero Cool Breeze y, alrededor de ella, una filosofía que terminaría convirtiéndose en YYachts.

Diez años después, el astillero de Greifswald, a orillas del Báltico, ha construido más de 50 unidades y su gama comprende actualmente los Y6, Y7, Y8 y Y9, además de una división dedicada a proyectos completamente custom. Todos comparten una característica estructural: se construyen íntegramente en composite de carbono.

La elección no responde únicamente a una búsqueda de prestaciones. Un barco más ligero necesita menos energía para moverse, puede navegar con vientos más suaves y permite simplificar parte de los sistemas necesarios para manejarlo. Esa combinación ha permitido a YYachts desarrollar veleros de entre aproximadamente 20 y 30 metros que pueden navegar con tripulaciones reducidas y, en algunos casos, ser manejados por el propio armador.

La simplicidad como forma de lujo

La frase que Schmidt ha repetido desde el nacimiento de la compañía —Keep it simple. Look good. Sail easy— podría parecer un buen ejercicio de marketing si no estuviera acompañada por decisiones bastante concretas.

YYachts utiliza estructuras completas de carbono para reducir peso y aumentar rigidez, concentra las maniobras de navegación para facilitar su manejo y busca limitar aquellos sistemas que añaden complejidad sin mejorar necesariamente la experiencia en el mar. El planteamiento afecta también al interiorismo: espacios abiertos, luz natural, materiales contenidos y una estética deliberadamente alejada de la acumulación decorativa habitual en parte de la náutica de lujo.

El Y7 ofrece una buena medida de la evolución del astillero. Más de veinte unidades entregadas lo han convertido en su modelo de mayor éxito y ahora acaba de entrar en una nueva generación desarrollada nuevamente con judel/vrolijk & co. El rediseño modifica la bañera, aumenta el espacio alrededor de los puestos de gobierno y traslada la sala de máquinas a un compartimento técnico específico, mientras mantiene la posibilidad de navegar con una tripulación mínima.

Por debajo aparece ahora el Y6, un velero de casi 20 metros diseñado por Bill Tripp que lleva esa misma filosofía a una eslora menor. El planteamiento resulta significativo: puede configurarse para navegar solo o en pareja, utiliza carbono epoxi y concentra drizas y escotas alrededor de los puestos de gobierno. Los interiores, desarrollados junto al diseñador danés David Thulstrup, ofrecen diferentes configuraciones sin abandonar la estética contenida característica de la marca.

La misma lógica adquiere otra escala en el Y8 y el Y9. No se trata simplemente de construir barcos rápidos. La intención es conseguir que incluso al aproximarse o superar los 80 pies continúen comportándose ante todo como veleros, capaces de aprovechar condiciones de viento en las que embarcaciones más pesadas recurrirían ya al motor.

Esa relación entre prestaciones y simplicidad explica también una parte de su atractivo para determinados propietarios. Frente al superyate entendido como residencia flotante atendida por una tripulación numerosa, YYachts propone una experiencia donde el armador puede continuar participando directamente en la navegación.

Del carbono a la primera propulsión híbrida

La reducción de peso tiene además una consecuencia energética. Cuanta menos masa necesita desplazarse, menor es la energía necesaria para hacerlo, algo especialmente relevante en un velero que obtiene del viento su principal forma de propulsión.

Durante su décimo aniversario, YYachts ha llevado esa lógica un paso más allá con la primera unidad híbrida del Y8, actualmente en construcción. El barco incorpora un sistema Yanmar que combina motor diésel y propulsión eléctrica alimentada mediante baterías de litio. En modo eléctrico puede desplazarse sin utilizar el motor térmico, reduciendo ruido y vibraciones durante maniobras o navegación a motor.

Las baterías pueden recargarse mediante conexión a tierra o energía solar instalada a bordo, mientras el motor diésel es compatible con HVO, combustible producido a partir de materias primas renovables. No elimina la dependencia del motor convencional durante largas travesías, pero permite utilizar cada sistema en las situaciones donde resulta más eficiente.

El proyecto muestra también cómo ha evolucionado el significado de simplicidad desde aquel primer Cool Breeze. Ya no consiste necesariamente en prescindir de tecnología. En un barco contemporáneo de 80 pies eso sería poco realista. La cuestión pasa por utilizarla para reducir la intervención necesaria del propietario y no para añadir nuevas capas de complejidad.

La evolución comercial acompaña ese desarrollo. Coincidiendo con el décimo aniversario, YYachts reforzó en junio su estructura incorporando a Gregor Bredenbeck como responsable de ventas mundiales e internacionalización, con el objetivo de ampliar también las actividades de brokerage y charter.

Diez años que terminaron reuniéndose en Palma

La celebración más visible del aniversario se produjo a finales de junio en Mallorca. YYachts organizó por primera vez una categoría propia dentro de la Superyacht Cup Palma Richard Mille, que celebraba a su vez su trigésima edición.

La previsión inicial era reunir ocho barcos —cinco Y7, dos Y8 y un Y9—, algo que nunca había ocurrido hasta entonces con una flota YYachts. Finalmente, seis embarcaciones aparecen clasificadas en los resultados oficiales después de las tres jornadas de competición. Beati ganó las tres pruebas y terminó primero con tres puntos, seguido por Distancia con seis. Calabash completó el podio por delante de Makai, Bella y Lucid.

Más allá del resultado deportivo, reunir esa flota ofreció una imagen bastante precisa de lo ocurrido desde 2016. Lo que empezó con Schmidt intentando construir el velero que no encontraba en el mercado ha terminado convirtiéndose en una pequeña comunidad internacional de propietarios alrededor de una idea que apenas ha cambiado.

YYachts continúa construyendo sus barcos en Greifswald y sigue utilizando el carbono como punto de partida de toda la gama. Han cambiado las dimensiones, los diseñadores y la tecnología disponible. También han llegado la propulsión híbrida y modelos capaces de acercar el concepto a diferentes tipos de armadores.

La premisa original permanece bastante reconocible diez años después: hacer que un gran velero necesite menos cosas para poder navegar más.