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La America’s Cup de Barcelona que no vimos

SAIL, el documental dirigido por Frank Marshall y Evan Hayes, entra en los equipos, los barcos y las tensiones que quedaron fuera de las regatas de 2024.

La America’s Cup de Barcelona que no vimos

La America’s Cup de Barcelona terminó en octubre de 2024 con Emirates Team New Zealand levantando de nuevo la Jarra de las Cien Guineas, pero durante los meses de competición las regatas mostraron solo una parte de lo que estaba ocurriendo. Detrás de los AC75 lanzados a más de 100 km/h había años de preparación, presupuestos enormes, decisiones tecnológicas llevadas al límite y seis equipos para los que una derrota podía significar el final de un proyecto construido durante mucho tiempo. Dos años después, buena parte de esa historia llega a la pantalla.

SAIL, dirigido por los ganadores del Oscar Frank Marshall y Evan Hayes con el apoyo de Skydance Productions y del equipo de producción audiovisual de la America’s Cup, se estrenará el 11 de septiembre de 2026 en la Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia. Es el primer documental que ha tenido acceso completo al interior de los equipos durante una edición contemporánea de la competición, desde la Louis Vuitton Cup, que decidió el challenger, hasta el Match final contra el Defender neozelandés.

El proyecto se rodó durante dos años y contó con una posición privilegiada para explicar una competición tradicionalmente difícil de mostrar desde dentro. Las cámaras acompañaron a los principales regatistas, responsables de los equipos y miembros de las estructuras técnicas, además de instalarse directamente en los barcos. Parte del material se grabó con cámaras digitales certificadas IMAX situadas a bordo de los AC75, ofreciendo una perspectiva especialmente cercana de unas embarcaciones capaces de alcanzar velocidades que hasta hace poco parecían difíciles de asociar con la vela.

Más allá de los 100 km/h

Los AC75 son uno de los grandes protagonistas visuales de SAIL. Los monocascos con foils de la America’s Cup vuelan sobre el agua y comparten con la Fórmula 1 una cultura basada en el desarrollo tecnológico continuo, el análisis de datos y la búsqueda de ganancias mínimas que pueden terminar decidiendo una regata. El documental aprovecha las imágenes obtenidas desde el interior de los barcos para acercar al espectador a una experiencia que desde tierra o incluso desde las retransmisiones televisivas resulta difícil de percibir en toda su dimensión.

Sin embargo, la velocidad sirve sobre todo como puerta de entrada a la historia humana. SAIL presta especial atención a la presión que acompaña a una campaña de America’s Cup, donde los equipos pasan años buscando financiación, diseñando el barco y entrenando para una competición en la que únicamente uno alcanza el objetivo. El documental sigue también las consecuencias que esa dedicación tiene sobre las familias y las relaciones personales de quienes participan en ella.

Las rivalidades proporcionan buena parte de la tensión narrativa. Grant Dalton, CEO de Emirates Team New Zealand y máximo responsable del Defender, ocupa una posición central, mientras que la relación entre Sir Ben Ainslie y Sir Jim Ratcliffe, presidente de INEOS Group y principal impulsor de INEOS Britannia, constituye otra de las líneas del documental. Las cámaras registran momentos alejados de la imagen controlada que habitualmente ofrecen los equipos: ansiedad, discusiones, decepción y enfado aparecen junto a la determinación necesaria para sostener campañas deportivas de esta magnitud.

También hay espacio para quienes abandonaron Barcelona sin el resultado que esperaban. Max Sirena, CEO de Luna Rossa Prada Pirelli, explica el impacto de la derrota después de que el equipo italiano perdiera la final de la Louis Vuitton Cup frente a INEOS Britannia. Terry Hutchinson relata una experiencia similar tras la eliminación de American Magic a manos de Luna Rossa en semifinales y habla del coste que su dedicación al proyecto tuvo sobre su vida familiar. Ernesto Bertarelli, ganador de la America’s Cup con Alinghi en 2003 y 2007, aporta la perspectiva de quien conoce tanto el éxito como la derrota en una competición particularmente poco indulgente con el segundo clasificado.

Barcelona vuelve a la pantalla

SAIL permite también regresar a una edición que transformó durante meses el frente marítimo de Barcelona. La 37ª America’s Cup llevó a la ciudad una competición que combina una historia iniciada en 1851 con barcos desarrollados mediante algunas de las tecnologías más avanzadas del deporte contemporáneo. El documental cambia ahora el punto de vista: las regatas siguen siendo importantes, pero la cámara puede entrar donde el público que siguió la competición desde las playas y el Port Vell no podía hacerlo.

Ese acceso resulta especialmente significativo en la America’s Cup, una competición marcada históricamente por el secreto. Cada equipo intenta proteger hasta el último momento las soluciones técnicas que pueden proporcionarle una ventaja y buena parte de la actividad decisiva se desarrolla lejos del público. SAIL muestra las reuniones, los problemas de rendimiento, la búsqueda de financiación y las tensiones internas que acompañaron el camino hasta Barcelona, además de la competición propiamente dicha.

El desenlace ya es conocido, algo que no parece restar interés a la película. Emirates Team New Zealand defendió con éxito la Copa, mientras que los otros cinco equipos tuvieron que asumir que varios años de trabajo terminaban sin el trofeo. Precisamente ahí encuentra SAIL una parte importante de su argumento: explicar qué lleva a armadores, empresarios, diseñadores y algunos de los mejores regatistas del mundo a volver a intentarlo después de una derrota.

Tras su presentación en Venecia el 11 de septiembre, el documental pasará por otros festivales cinematográficos antes de una distribución más amplia todavía por concretar. Dos años después de que los AC75 dejaran las aguas de Barcelona, la America’s Cup regresa así a la ciudad en imágenes, esta vez con la posibilidad de entrar en los barcos y en los equipos que entonces solo podían observarse desde fuera.