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Revista Bruma La revista del mar de Descubrir.com
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Oyster 36M quiere seguir cruzando océanos a los 36 metros

El nuevo buque insignia de Oyster Yachts, presentado durante el Monaco Yacht Show, combina el diseño naval de Frers con 36 metros de eslora, amplias posibilidades de personalización y una arquitectura concebida para largas temporadas lejos de puerto.

Oyster 36M quiere seguir cruzando océanos a los 36 metros

El tamaño no debería cambiar necesariamente la manera de navegar. Esa parece ser la idea detrás del nuevo Oyster 36M, el velero de 36 metros presentado durante el Monaco Yacht Show con el que el astillero británico entra de lleno en el segmento de los grandes superyates a vela sin abandonar la navegación oceánica que ha definido buena parte de su historia.

El proyecto llega además en un momento significativo para Oyster. Apenas unas semanas antes, durante el Cannes Yachting Festival, el astillero había anunciado su entrada en el mundo de los multicascos con el futuro Oyster C60, un catamarán concebido también para navegación bluewater. En Mónaco, la presentación del 36M confirma que esa ampliación de la gama no implica abandonar el monocasco, sino extenderlo hacia una categoría superior.

Para hacerlo, Oyster ha recurrido a Frers Naval Architecture & Engineering, uno de los estudios con mayor experiencia en grandes veleros de crucero y competición. El resultado no pretende ser simplemente un Oyster más grande. Con 36 metros de eslora, el barco introduce espacios y soluciones propios del mundo del superyate, pero mantiene como punto de partida la posibilidad de recorrer grandes distancias y pasar largos periodos a bordo.

La distinción resulta importante. En esta eslora, aumentar el espacio disponible puede llevar fácilmente hacia una lógica cada vez más residencial. Oyster y Frers han intentado que ese aumento de volumen no reste protagonismo a la navegación.

Un superyate pensado para alejarse de las marinas

La arquitectura naval parte de una nueva carena desarrollada por Frers, con proa en V profunda y una popa ancha. El diseño busca combinar seguridad y confort con prestaciones, prestando especial atención a navegar con poca escora, mantener un buen comportamiento con vientos ligeros y disponer de velocidad cuando las condiciones permiten aprovecharla.

Las dimensiones dan una idea de la magnitud del proyecto. El Oyster 36M mide 36 metros de eslora y 9,26 de manga, con un calado estándar de 3,80 metros y una altura de mástil de 49,20 metros. Su superficie vélica alcanza los 670 metros cuadrados. Las especificaciones son todavía preliminares y podrán modificarse a medida que avance el desarrollo.

Más reveladores para entender su vocación viajera son probablemente otros números. El barco dispondrá de 12.000 litros de capacidad de combustible y 4.500 de agua, además de amplias zonas de almacenamiento, espacio para repuestos y equipos y sistemas técnicos diseñados para resultar fácilmente accesibles. Un gran garaje permitirá transportar material de buceo, equipamiento deportivo y otros elementos elegidos por el propietario.

La autonomía, en este caso, no se plantea únicamente como una cuestión de millas recorridas. Poder permanecer lejos de una marina durante periodos prolongados exige almacenar agua, combustible, repuestos y equipos, pero también facilitar las operaciones de mantenimiento y prever desde el diseño el acceso a los principales sistemas.

Oyster parte aquí de una experiencia considerable en navegación oceánica. Según el astillero, sus propietarios han acumulado más de 20 millones de millas de navegación bluewater y más de cien circunnavegaciones. Parte de las decisiones tomadas para el 36M proceden precisamente de las experiencias y necesidades transmitidas por esos armadores.

Más espacio sin convertir el barco en una casa flotante

El aumento de eslora permite, al mismo tiempo, introducir una organización de cubierta bastante más cercana a la de los grandes superyates contemporáneos. En proa aparece una zona privada separada de los principales espacios sociales de popa. Puede configurarse según las preferencias del propietario e incorporar protección solar e incluso jacuzzi, creando una segunda área exterior alejada del cockpit principal.

En popa, el centro de la vida a bordo se desplaza hacia el agua. El beach club incorpora una plataforma denominada The Island, capaz de descender para facilitar el acceso al mar o elevarse hasta convertirse en una terraza adicional sobre el agua. Como opción, puede añadirse además una plataforma lateral de embarque aproximadamente a media eslora.

Entre ambos extremos se sitúa un salón panorámico con vistas de 360 grados. Una pared acristalada corredera permite abrirlo directamente hacia el cockpit, mientras la circulación entre los principales espacios se mantiene prácticamente en un mismo nivel. La idea es poder modificar la relación entre interior y exterior dependiendo del clima sin perder continuidad entre las diferentes zonas.

El interior ha sido desarrollado por el estudio milanés m2atelier y admite un grado considerable de personalización. El propietario podrá elegir configuraciones de tres, cuatro o cinco cabinas, diferentes distribuciones, materiales y acabados. También podrán modificarse elementos más directamente relacionados con la navegación, como el plan vélico, la quilla, el equipo de cubierta o las soluciones de fondeo.

Ese planteamiento sitúa el proyecto en una zona intermedia interesante entre un modelo de producción y un full custom. La arquitectura naval y la ingeniería básica permanecen definidas, pero alrededor de ellas cada propietario dispone de margen para configurar tanto los espacios como buena parte del equipamiento. El objetivo es ofrecer parte de la individualidad propia de un superyate construido a medida sin tener que desarrollar desde cero cada nueva unidad.

Oyster amplía su territorio

La presentación del 36M y el anuncio casi simultáneo del C60 dibujan dos movimientos diferentes para Oyster. Por un lado, el astillero entra por primera vez en los catamaranes. Por otro, lleva su gama tradicional de monocascos hasta los 118 pies, entrando en una categoría donde las expectativas de espacio, personalización y servicio se acercan a las de los grandes superyates custom.

El 36M intenta resolver esa transición sin convertir la capacidad oceánica en un simple argumento comercial. Los grandes depósitos, el almacenamiento, el acceso a los sistemas, el espacio para equipos y la propia arquitectura naval se han planteado desde el inicio alrededor de largas travesías y periodos prolongados lejos de puerto.

Al mismo tiempo, jacuzzi, beach club, salón panorámico y configuraciones interiores personalizables responden a lo que espera hoy el propietario de un velero de esta categoría. El reto consiste precisamente en conseguir que ambas dimensiones convivan: vivir a bordo como en un superyate y seguir utilizando el barco para aquello que históricamente ha definido a un Oyster, cruzar océanos a vela.